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viernes, 25 de julio de 2008
Hace unos días, cumplimos un año en el ciberespacio • Como nadie organizó la fiestita, acá me la hago, yo solito
Esto de andar balanceando cada mes, cada bimestre o cada cualquier otro irregular período me dejó sin mucho para decir ahora, cuando el balance realmente vale la pena. Quizás por no saber nada de nada acerca del tema en sí, y no tener en claro tampoco exactamente para qué abría el Blog, lo cierto es que de entrada nomás necesité imperiosamente un "parar y ver", o sea, redactar los primeros balances. Luego, como suele suceder, el "hacer de taquito", el "encontrar la vuelta" fueron sobreponiéndose a la revisión. Pero el balance anual es ineludible.
Me autoimpuse algunas cuestiones: que fuera un "servicio", una apoyatura al laburo en el CBC; que intentara tirar de cada tanto alguna (aunque sea alguna, y de cuando en cuando), idea; que sirviera (modo fácil y económico) para poder dar rienda a mi manía de escribir; y que no fuera algo de la pura subjetividad, de la simple "biografía" que no atrae lectores ni intereses ni pasiones (¡Cuántos blogs y flogs existen con esos íntimos relatos, muy pocas veces sabrosos, de "hoy me vi con Fulanito/a": es muy difícil hacer de un relato íntimo y cotidiano algo "leíble"!). En definitiva, que no fuera una "bitácora" en el sentido clásico del término, aunque probablemente recorriendo las publicaciones se descubren, fatalmente, las obsesiones, intereses, necesidades, etc., del autor -y de sus lectores (como suele suceder siempre con la escritura, por otra parte). O sea que termina siendo un diario de viaje, una biografía, pero colectiva, y eso quizás es lo más fructífero de todo esto.
Tal vez sea el momento de asumir que un blog es algo más que una especie de lista de distribución de correo entre amigos/as y conocidos/as. Silvia, Daniela de Turdera, Víctor (where are you, Víctor?), Matías, Danila, Dani con barba, etc., fueron/son letras encarnadas, identidades que recubren la visualidad. Pero no son los casi 14.000 visitantes. Y esos internautas son (somos) perezosos: leemos, acordamos, discutimos, afanamos, pero no interactuamos escribiendo. Parece que es así esto de la "comunicación masiva"; parece que es así el mundo en que nos tocó vivir.
Suelo ser pesimista, escéptico, cáustico. Ese tufillo inunda el blog, creo. Hoy por hoy ando con más de todo eso: más decepcionado, más excéptico. Ando, como suele decirse, en crisis. Necesito tomarme un tiempo para redefinir muchas cosas: profesionalmente (estoy harto de la docencia bonaerense y estatal), emocionalmente (estoy harto de mí mismo, de mis trampas y autotrampas), vitalmente. Cuando hice mi Primera Comunión (sí, tengo ese pasado, tengo ese muerto en el ropero), y me preguntaron en casa qué quería como regalo, pedí "un pizarrón grande como el de la escuela". Ahí jugaba, solo o con mi hermana, a los 8 ó 10 años, a dar clase (creo que ya conté esta anécdota) Siempre quise ser "maestro" y lo que más se me está desmoronando ahora es, precisamente, eso: el "ser maestro".
Si me interrogaban hace veinte años cómo me veía en el futuro, respondía utópicamente que como ahora: tenía un futuro. Si me preguntaban hace diez, ponía alguna objeción pero la veía más o menos como ahora, aunque ya decía que no quería llegar "a la jubilación" así como muchos/as en ese entonces estaban o quedaban. Si me abarajan hoy, hoicito nomás, cómo me veo en el futuro, no tengo ni la más puta idea, pero sí sé cómo no quiero: y no quiero que sea tal cual ahora.
No sé hasta dónde llegarán todos los replanteos. Sé que quiero que sean radicales y profundos, porque estirar las agonías suele ser contraproducente para el muerto. En caso de que esos procesos abarcaran el Blog, lector/a amigo/a, quiero que sepas que te aprecié y aprecio mucho, aunque seas anónimo/a.
Agradecimientos (todos/as los que entraron y dijeron algo, en este año)
PD: los resultados de encuestas pasan a un post aparte
Me autoimpuse algunas cuestiones: que fuera un "servicio", una apoyatura al laburo en el CBC; que intentara tirar de cada tanto alguna (aunque sea alguna, y de cuando en cuando), idea; que sirviera (modo fácil y económico) para poder dar rienda a mi manía de escribir; y que no fuera algo de la pura subjetividad, de la simple "biografía" que no atrae lectores ni intereses ni pasiones (¡Cuántos blogs y flogs existen con esos íntimos relatos, muy pocas veces sabrosos, de "hoy me vi con Fulanito/a": es muy difícil hacer de un relato íntimo y cotidiano algo "leíble"!). En definitiva, que no fuera una "bitácora" en el sentido clásico del término, aunque probablemente recorriendo las publicaciones se descubren, fatalmente, las obsesiones, intereses, necesidades, etc., del autor -y de sus lectores (como suele suceder siempre con la escritura, por otra parte). O sea que termina siendo un diario de viaje, una biografía, pero colectiva, y eso quizás es lo más fructífero de todo esto.
Tal vez sea el momento de asumir que un blog es algo más que una especie de lista de distribución de correo entre amigos/as y conocidos/as. Silvia, Daniela de Turdera, Víctor (where are you, Víctor?), Matías, Danila, Dani con barba, etc., fueron/son letras encarnadas, identidades que recubren la visualidad. Pero no son los casi 14.000 visitantes. Y esos internautas son (somos) perezosos: leemos, acordamos, discutimos, afanamos, pero no interactuamos escribiendo. Parece que es así esto de la "comunicación masiva"; parece que es así el mundo en que nos tocó vivir.
Suelo ser pesimista, escéptico, cáustico. Ese tufillo inunda el blog, creo. Hoy por hoy ando con más de todo eso: más decepcionado, más excéptico. Ando, como suele decirse, en crisis. Necesito tomarme un tiempo para redefinir muchas cosas: profesionalmente (estoy harto de la docencia bonaerense y estatal), emocionalmente (estoy harto de mí mismo, de mis trampas y autotrampas), vitalmente. Cuando hice mi Primera Comunión (sí, tengo ese pasado, tengo ese muerto en el ropero), y me preguntaron en casa qué quería como regalo, pedí "un pizarrón grande como el de la escuela". Ahí jugaba, solo o con mi hermana, a los 8 ó 10 años, a dar clase (creo que ya conté esta anécdota) Siempre quise ser "maestro" y lo que más se me está desmoronando ahora es, precisamente, eso: el "ser maestro".
Si me interrogaban hace veinte años cómo me veía en el futuro, respondía utópicamente que como ahora: tenía un futuro. Si me preguntaban hace diez, ponía alguna objeción pero la veía más o menos como ahora, aunque ya decía que no quería llegar "a la jubilación" así como muchos/as en ese entonces estaban o quedaban. Si me abarajan hoy, hoicito nomás, cómo me veo en el futuro, no tengo ni la más puta idea, pero sí sé cómo no quiero: y no quiero que sea tal cual ahora.
No sé hasta dónde llegarán todos los replanteos. Sé que quiero que sean radicales y profundos, porque estirar las agonías suele ser contraproducente para el muerto. En caso de que esos procesos abarcaran el Blog, lector/a amigo/a, quiero que sepas que te aprecié y aprecio mucho, aunque seas anónimo/a.
Agradecimientos (todos/as los que entraron y dijeron algo, en este año)
- En respuestas y en la barra de chat (ahí se me perdieron muchos nombres, porque almacena los últimos)
Vanina
Victor
Paula
Sol
Marisol
Andrés Celati
Guido
Nacho
Priscila
Guillermo
Martín Estévez
Adrian
Annekia
Silvia
Emi
Gisele
Venka, mi comadre
María del Carmen Orsi
Sebastián Monzón
lakrym
Esteban Rodríguez
Juan Pérez
Vero
- Respondieron en forma personal por correo electrónico
Damian
María Russomando
Andrea de la Fuente
María Fernanda Bengoechea
Daniela
Paula Ferraresi
Elisabeth Godoy
- Escribieron algo en el libro de visitas
ChicayA todos ustedes, y a muchos/as que registraron su visita, pero perdí el dato, y a todos/as los que entran, en silencio, realmente GRACIAS.
Cintia
Angela
e-DUARDO
Alan
Danera
Campa
Griselda
Mayka
Fulviókrates
Emiliio Maydup
Natalia
Mary, mi madrina
Esteban
PD: los resultados de encuestas pasan a un post aparte
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domingo, 20 de julio de 2008
Cómo hackear (robar) contraseñas de Yahoo, Hotmail, Gmail, Fotolog, etc.
1 Respuestas/comentarios Publicado por Esteban Cid a las 17:47Avanzando más y más en esto de la informática • Algo básico y deseado por todos: el hacking • Prestá mucha atención y conseguí reventar las cuentas que quieras
ACLARACIÓN:
Voy a dar toda la información por acá, o sea
• NO voy a responder correos electrónicos con información de ningún tipo
• NO ofrezco servicios de hacking
MÉTODO 100% EFECTIVO - FÁCIL Y PRÁCTICO
OBTENÉ/CERRÁ YA CUENTAS AJENAS DE MSN HOTMAIL, MSN YAHOO, CORREO HOTMAIL, YAHOO, GMAIL, etc.
Este método nunca falla. No tiene vulnerabilidades, por lo tanto, no son necesarios parches ni descargas. Es un método novedoso pero 100% confiable. Requiere de menos paciencia que uno de esos larguísimos programas revienta-claves, ni se trata de los clásicos xploit’s y keyloggers que, con suerte, funcionan un solo día...
• Primer Paso
Identificar a la víctima, su nombre y dirección.
• Segundo Paso
Te ponés un buen pasamontañas y te buscás un buen revólver.
• Tercer paso
Vas a la casa de la víctima, le apuntás en la sien, firme y seguro/a, y le exigís su/s contraseña/s. Según cómo esté ejecutándose el programa, pueden suceder dos cosas:
- que te las niegue, en cuyo caso le tenés que reventar, por ejemplo, la rodilla derecha; luego de esto le das un papelito, y un lápiz o lapicera (variante "de autor": puede utilizar sus dedos y su propia sangre) y le decís que anote ahí lo que antes le habías pedido; si se sigue negando, arremetés con la otra rodilla, o -según la etapa de ejecución del programa- un pie, etc. Consejo: nunca elegir las ventanas "partes vitales" ni "mano con que escribe" porque puede la ejecución de comandos puede tirar un error grave.
- que te las facilite, en cuyo caso presionás el botón "finalizar programa"
• Cuarto Paso
Te vas como si nada, pero dando un buen portazo. Acá lo importante es que se note que tenés cojones/ovarios, en virtud de la advertencia anterior. No te olvides, obvio, de llevarte el papelito con las claves
• Quinto Paso
Llegá a tu casa, sacá el papelito (o los papelitos, si fue una gira de recolección que incuyó varias sub-rutinas o tareas de este tenor) Probá las contraseñas ( hay un 99,99% de efectividad en ellas), chequeás sus correos, perfiles, etc.
Eventualmente, si no había nada de interés, o no confirmás tus sospechas previas, podés volver a acercarte a la persona (similar al Primer paso) y explicarle que se trató de un error involuntario. Teniendo en cuenta los cojones/ovarios del portazo del Cuarto paso, y la advertencia previa, es altamente probable que te perdone con celeridad y pavor.
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jueves, 17 de julio de 2008
Esto no terminó (no debería terminar) con la sesión en la Cámara de Senadores de esta madrugada • Sensaciones acerca de un debate que no se dio • Lo que en verdad estuvo en juego (y pasó por el costado)
En la madrugada de hoy, la Cámara de Senadores de la Nación rechazó el proyecto de ley que ratificaba la famosísima Resolución del Ministerio de Economía Nº 125/08, y además delegaba en el Poder Ejecutivo el ejercicio de la facultad de fijar los derechos aduaneros de exportación (retenciones). En una votación empatada, el Vicepresidente de la Nación, en su función constitucional de Presidente del Senado, dirimió la paridad decidiéndose por el rechazo de ese proyecto. Las cámaras empresariales del sector agrícola, y los políticos alineados con ellas, mostraron en el fin de la sesión y durante el día de hoy su satisfacción, afirmando (palabras más, palabras menos) que éste fue un triunfo de la democracia.
Desde un punto de vista lingüístico, el sintagma deverbal un triunfo de la democracia es una figura retórica, una metonimia que condensa y oculta sentidos: la democracia triunfó sería su equivalente verbal, aunque no podemos recuperar quién es el agente de esa acción (el sujeto oracional): ¿los demócratas?, ¿la oposición?, ¿las cámaras del campo?, ¿el “pueblo”, la “gente”? ¿Los repudiados del que se vayan todos, pero se quedaron, como Carlos "Me llevo todo" Menem, Hilda "Porta-apellidos" G. de Duhalde, Adolfo "Jueguetito" Rodríguez Saa? El sintagma un triunfo de la democracia es un útil lingüístico, que permite construir, desde el discurso, un colectivo de identificación (y, por lo tanto, de des-identificación) difuso pero efectivo: alguien no es parte de la democracia; si alguien triunfó, alguien perdió.
El signo (ideológico, a fin de cuentas) democracia ha ido trasvasando sus sentidos con el péndulo de nuestra historia: de aquel fundacional, de corte liberal, en el que el pueblo a que aludía era el letrado, entendido, burgués, a otro más amplio, el del aluvión zoológico; de categoría más o menos abstracta y poco convincente, a la utopía del se come, se cura y se educa; de la delegación del poder en manos de algún caudillo más o menos fuerte, a la utópica participación en instancias de representación y control asamblearios, allá por 2002. Y en el medio, siempre, sectores sociales que se sintieron dentro o fuera de la democracia, que se creyeron los dueños o custodios o mártires o quintaescencias de esa democracia. Y siempre, también, el poder, la disputa o cesión o preservación del verdadero poder, porque de eso se trata.
La paradoja de estos cuatro meses en los cuales el “conflicto” del “campo” (aquí, de nuevo, la trampa lingüística: este sintagma se conforma sobre el campo tiene un conflicto, hecho que demuda, esconde y diluye varias cuestiones, que hacen a la verdadera) coronó la agenda es que las posiciones se adoptaron, una vez más, como un Ríver-Boca acrítico, en el cual lo comunicacional (casi goebbelianamente) hizo sucumbir al debate: voces chillonas y sordas que hartaron a las acomodaticias y tranquilonas clases medias urbanas, esas que quieren seguir anestesiándose con el Tinelli visto en la tele de plasma 42’ pagada en cuotas. La paradoja es, entonces, que el triunfo de la democracia sea, en buena medida, el del no te metás, en su versión no jodan más, quiero vivir en paz. En democracia, no se puede vivir en esa paz de cementerio, pues los conflictos son inherentes a las sociedades, y la confrontación por el poder, por los proyectos, por los modelos, se definen con, pero también más allá, de los votos de un domingo.
Un cuarto de siglo de una economía agro-exportadora, de exacción de materias primas, con soporte en las finanzas y los servicios, fue impuesto a rebenque y sangre. No se sale de él con paz, ni con el diálogo del hambriento a los pies de la mesa del opulento amo. Se sale con tensiones, con confrontaciones, con disputas encuadradas en la política, entendida precisamente como el espacio en el que los sujetos sociales, y sus representantes, abordan estas coyunturas: acuerdan y negocian, pero sin el tufillo de tongo y transa que se le suele asignar a esta acción. Ciertos sectores hay a favor de aquella economía, y otros que confrontan con ella. Ni “el campo” es, todo él, homogéneamente conservador-gorila, ni “el gobierno” es el revolucionario que viene a socializar los medios de producción. Se trató, apenas, de un voraz intento de quedarse con parte de una tajada, generosa tajada extra de esos que quieren (o tienen, o desean) toda (o buena parte de toda) la torta: apenas una medida desarticulada, que dijo pretender redistribuir, dentro de un modelo que no redistribuye a conciencia y con vocación. Y se trató, también, de un rechazo en el que se embolsó todo al por mayor y sin propuesta alternativa seria y a la vista, egoístamente, poniendo en vilo la frágil economía del país: sectores agrupados por el espanto que pretendieron (y van logrando) jaquear un gobierno como para marcar límites, delimitar una cancha. El senador oficialista Urquía, dueño de Aceitera Deheza (una de las mayores agro-exportadoras del país) manifestó ayer implícitamente en el recinto lo que no se puede explicitar: que la coyuntura internacional invita a alimentar a 400 millones de personas, y que sólo cuando se venda (se gane) por esa cantidad, se podrá hablar de alimentarnos a los 40 millones de argentinos.
A pesar de que el análisis contrafáctico no tiene entidad científica, a veces es útil para repensar categorías. ¿Qué hubiera pasado si Cobos hubiese desempatado a favor de la ley? Seguramente, no hubiera sido un triunfo de la democracia, por más que fuese el mismo gobierno el que impulsó el tratamiento legislativo de la medida; seguramente hubiera sido banelquizado ese hipotético triunfo, esmerilado, empañado. Sin embargo, esto no ocurrió y el número dos del Poder Ejecutivo votó en contra de la ratificación de una medida que impulsó ese mismo Poder. Visto estrictamente de afuera, y con perspectiva puramente política, no haber sostenido la medida (que ni siquiera la propia tropa acompañó palmariamente), es algo prudente. Pero pone en emergencia, precisamente, la calidad de esta democracia que –dicen– fue la que triunfó: el sistema de representación, el debate acerca de los proyectos de país. Quién, cómo y para qué tiene o quiere el poder, en definitiva.
Desde un punto de vista lingüístico, el sintagma deverbal un triunfo de la democracia es una figura retórica, una metonimia que condensa y oculta sentidos: la democracia triunfó sería su equivalente verbal, aunque no podemos recuperar quién es el agente de esa acción (el sujeto oracional): ¿los demócratas?, ¿la oposición?, ¿las cámaras del campo?, ¿el “pueblo”, la “gente”? ¿Los repudiados del que se vayan todos, pero se quedaron, como Carlos "Me llevo todo" Menem, Hilda "Porta-apellidos" G. de Duhalde, Adolfo "Jueguetito" Rodríguez Saa? El sintagma un triunfo de la democracia es un útil lingüístico, que permite construir, desde el discurso, un colectivo de identificación (y, por lo tanto, de des-identificación) difuso pero efectivo: alguien no es parte de la democracia; si alguien triunfó, alguien perdió.
El signo (ideológico, a fin de cuentas) democracia ha ido trasvasando sus sentidos con el péndulo de nuestra historia: de aquel fundacional, de corte liberal, en el que el pueblo a que aludía era el letrado, entendido, burgués, a otro más amplio, el del aluvión zoológico; de categoría más o menos abstracta y poco convincente, a la utopía del se come, se cura y se educa; de la delegación del poder en manos de algún caudillo más o menos fuerte, a la utópica participación en instancias de representación y control asamblearios, allá por 2002. Y en el medio, siempre, sectores sociales que se sintieron dentro o fuera de la democracia, que se creyeron los dueños o custodios o mártires o quintaescencias de esa democracia. Y siempre, también, el poder, la disputa o cesión o preservación del verdadero poder, porque de eso se trata.
La paradoja de estos cuatro meses en los cuales el “conflicto” del “campo” (aquí, de nuevo, la trampa lingüística: este sintagma se conforma sobre el campo tiene un conflicto, hecho que demuda, esconde y diluye varias cuestiones, que hacen a la verdadera) coronó la agenda es que las posiciones se adoptaron, una vez más, como un Ríver-Boca acrítico, en el cual lo comunicacional (casi goebbelianamente) hizo sucumbir al debate: voces chillonas y sordas que hartaron a las acomodaticias y tranquilonas clases medias urbanas, esas que quieren seguir anestesiándose con el Tinelli visto en la tele de plasma 42’ pagada en cuotas. La paradoja es, entonces, que el triunfo de la democracia sea, en buena medida, el del no te metás, en su versión no jodan más, quiero vivir en paz. En democracia, no se puede vivir en esa paz de cementerio, pues los conflictos son inherentes a las sociedades, y la confrontación por el poder, por los proyectos, por los modelos, se definen con, pero también más allá, de los votos de un domingo.
Un cuarto de siglo de una economía agro-exportadora, de exacción de materias primas, con soporte en las finanzas y los servicios, fue impuesto a rebenque y sangre. No se sale de él con paz, ni con el diálogo del hambriento a los pies de la mesa del opulento amo. Se sale con tensiones, con confrontaciones, con disputas encuadradas en la política, entendida precisamente como el espacio en el que los sujetos sociales, y sus representantes, abordan estas coyunturas: acuerdan y negocian, pero sin el tufillo de tongo y transa que se le suele asignar a esta acción. Ciertos sectores hay a favor de aquella economía, y otros que confrontan con ella. Ni “el campo” es, todo él, homogéneamente conservador-gorila, ni “el gobierno” es el revolucionario que viene a socializar los medios de producción. Se trató, apenas, de un voraz intento de quedarse con parte de una tajada, generosa tajada extra de esos que quieren (o tienen, o desean) toda (o buena parte de toda) la torta: apenas una medida desarticulada, que dijo pretender redistribuir, dentro de un modelo que no redistribuye a conciencia y con vocación. Y se trató, también, de un rechazo en el que se embolsó todo al por mayor y sin propuesta alternativa seria y a la vista, egoístamente, poniendo en vilo la frágil economía del país: sectores agrupados por el espanto que pretendieron (y van logrando) jaquear un gobierno como para marcar límites, delimitar una cancha. El senador oficialista Urquía, dueño de Aceitera Deheza (una de las mayores agro-exportadoras del país) manifestó ayer implícitamente en el recinto lo que no se puede explicitar: que la coyuntura internacional invita a alimentar a 400 millones de personas, y que sólo cuando se venda (se gane) por esa cantidad, se podrá hablar de alimentarnos a los 40 millones de argentinos.
A pesar de que el análisis contrafáctico no tiene entidad científica, a veces es útil para repensar categorías. ¿Qué hubiera pasado si Cobos hubiese desempatado a favor de la ley? Seguramente, no hubiera sido un triunfo de la democracia, por más que fuese el mismo gobierno el que impulsó el tratamiento legislativo de la medida; seguramente hubiera sido banelquizado ese hipotético triunfo, esmerilado, empañado. Sin embargo, esto no ocurrió y el número dos del Poder Ejecutivo votó en contra de la ratificación de una medida que impulsó ese mismo Poder. Visto estrictamente de afuera, y con perspectiva puramente política, no haber sostenido la medida (que ni siquiera la propia tropa acompañó palmariamente), es algo prudente. Pero pone en emergencia, precisamente, la calidad de esta democracia que –dicen– fue la que triunfó: el sistema de representación, el debate acerca de los proyectos de país. Quién, cómo y para qué tiene o quiere el poder, en definitiva.
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martes, 15 de julio de 2008
Vamos terminando las "lecciones" • Ya sobrevolamos dos de las tres opciones del PANEL, y ahora recorreremos (parte de) la última: DISEÑO
En el PANEL, que es donde está el comando central de nuestro blog, la última opción corresponde al DISEÑO. La mononería, podríamos decir, o sea, el embellecimiento (sobre todo visual) y la distribución de los elementos de nuestro blog. Acá depende mucho de tu gusto, de tu estilo, aunque vas a tener en cuenta que cada vez más es importante la cuestión visual, lo amigable de un sitio web (un blog, en buena medida, es un proto-sitio)
Los submenúes de la pestaña DISEÑO son: Elementos de la página, Fuentes y colores, Edición de HTML y Seleccionar plantilla nueva. Los vamos a ir viendo desde el último hasta el primero.
Cuando creaste el blog, la primera vez, allá lejos y hace tiempo, elegiste una plantilla, es decir, un pre-formato de diseño, un estándar en el que se moldean las fuentes, los colores, la distribución de elementos, etc. Eso no es fijo y podés cambiarlo cuantas veces quieras, aunque cada nueva plantilla va a reconfigurar y reordenar los elementos, sus colores, etc. Nada trágico, como vamos a ver en los siguientes párrafos. Hay muchas plantillas disponibles en Blogger, y cada una de ellas tiene "sus cositas". Si me permitís un consejo, lector invisible y silencioso/a, te diría que para decidirte tendrías que tener en cuenta no tanto los colores y los tipos de fuente sino dónde va (y cómo aparece) cada elemento (el título del blog, el encabezado, las publicaciones, la sidebar, etc.) Además de Blogger, otros/as fulanos/as, programadores ellos, ofrecen gratuitamente sus plantillas personales, algunas muy copadas (tienen hasta cuatro columnas, por ejemplo) pero que no siempre satisfacen, sobre todo si regenteás un blog muy recargado de cosas (como éste, por ejemplo) ya que no respetan todos los añadidos que tenés (o sí, pero tenés que volver a incluirlos manualmente) Haciendo una analogía, usar una plantilla Blogger sería como poner un repuesto original en un auto; mientras que usar esas plantillas externas sería tunearlo, pero sin saber si el repuesto es 100% compatible. Muchas veces, los programadores desarrollan las plantillas y las ofrecen precisamente para poner a prueba y calibrar sus trabajos, ¿entendés? Igual, si te mandás un moco, te conviene previamente Guardar plantilla actual, la que estás usando, por si la nueva no te gusta o tiene conflictos: una especie de back-up que reservás en tu disco rígido y que podrás subir para volver a la versión anterior. Esta opción está ahí mismo, en Seleccionar plantilla nueva.
Lo de Edición de HTML permite, básicamente, dos cosas: cargar esa plantilla externa que encontraste (o la tuya anterior, la que habías guardado como copia de seguridad) y/o redefinir en lenguaje HTML la que tenés (sea cual sea). Arriba de esta sección parece, precisamente, el cajón Carga una plantilla desde un archivo de tu disco duro ("Examinar" para buscar en tu disco/"Subir" para cargarlo: eso supongo que lo entendés); y más abajo tenés todo el código de tu blog, las instrucciones que permiten que sea tal como lo tenés. Ese código es público, todos pueden ver cómo programaste tu página (no sé si sabés como hacerlo, pero todo navegador de internet -Firefox, I.E., Ópera, Netscape, etc.- tiene una opción en su menú VER que dice algo así como Ver código fuente, con la que podés acceder a las instrucciones de programación del sitio web que estás visitando) Lo del lenguaje de programación alguna vez lo conversamos: ya vas a ir aprendiendo comandos básicos (quizás) y si no lo sabés no es la muerte de nadie, pues los servicios de Blogger (o de Wordpress) están hechos para neófitos-bobos-carentes-de-iniciativa-informática-autodidáctas-y-curiosos. Pero igual vamos a hacer la introducción al tema, para que vayas empapándote. Este blog empieza con lo siguiente, que es una definición general de la ubicación de ciertas partes según la plantilla utilizada:
Vamos de a poco. Toda instrucción HTML va encerrada entre angulares (<>) El paréntesis de apertura abre un comando, y el de cierre, precedido por la barra (/) indica el fin de la instrucción. Después del fragmento que citamos anteriormente, en el código de este blog aparece la definición de todas las variables que las instrucciones utilizan. La primera variable que define es:
Dicho en criollo, esto se leería más o menos así: nombre de la variable="bgcolor", que se describe="color de fondo de la página", que es del tipo="color" por defecto="#fff", y cuyo valor es "#ffffff". Todo esto quiere decir que la variable "bgcolor" (lo que está entre comillas refiere a elementos específicos, predefinidos, axiomas de base que el lenguaje sabe reconocer, una especie de lexicón incorporado a ese lenguaje) se aplica el elemento "Page Background Color", que es del tipo "color" (hay elementos del tipo "font" [fuente], etc.) y que en la paleta de colores, que se codifica hexadecimalmente, se corresponde con tal número (#fff , cuyo valor es #ffffff). Los signos de igualdad vendrían a equivaler a la orden asígnese a esta instrucción tal variable, o a esta variable tal parámetro. El código está programado en partes, y así vas a ir encontrando la sección Body, que configura el código que define el cuerpo de tu blog; o Header, donde aparecen las variables del encabezado y sus subpartes, etc. Sin miedo, andá viendo cada sector, andá agregando de a uno nuevos elementos y fijáte cómo se definieron en el lenguaje de programación. Así se aprende, te lo aseguro (y si no, miráme a mí, que jamás estudié nada de todo esto y acá estoy, dando aires de suficiencia) Igualmente, la próxima publicación ahondará en esto del HTML, al menos en lo que es más útil y más rinde ;)
La tercera parte es la de Fuentes y colores. Acá va a depender de qué plantilla elegiste, porque algunas configuraciones no pueden ser modificadas (salvo que te metas en la edición del HTML). En la plantilla (template, te doy la equivalencia en ingliy, así podés guglear) que usamos acá, las opciones que podemos modificar son:
Va a quedar para la próxima la última opción, la de Elementos de la página. Creo que por hoy es suficiente, así que salí al recreo, que te lo merecés.
Los submenúes de la pestaña DISEÑO son: Elementos de la página, Fuentes y colores, Edición de HTML y Seleccionar plantilla nueva. Los vamos a ir viendo desde el último hasta el primero.
Cuando creaste el blog, la primera vez, allá lejos y hace tiempo, elegiste una plantilla, es decir, un pre-formato de diseño, un estándar en el que se moldean las fuentes, los colores, la distribución de elementos, etc. Eso no es fijo y podés cambiarlo cuantas veces quieras, aunque cada nueva plantilla va a reconfigurar y reordenar los elementos, sus colores, etc. Nada trágico, como vamos a ver en los siguientes párrafos. Hay muchas plantillas disponibles en Blogger, y cada una de ellas tiene "sus cositas". Si me permitís un consejo, lector invisible y silencioso/a, te diría que para decidirte tendrías que tener en cuenta no tanto los colores y los tipos de fuente sino dónde va (y cómo aparece) cada elemento (el título del blog, el encabezado, las publicaciones, la sidebar, etc.) Además de Blogger, otros/as fulanos/as, programadores ellos, ofrecen gratuitamente sus plantillas personales, algunas muy copadas (tienen hasta cuatro columnas, por ejemplo) pero que no siempre satisfacen, sobre todo si regenteás un blog muy recargado de cosas (como éste, por ejemplo) ya que no respetan todos los añadidos que tenés (o sí, pero tenés que volver a incluirlos manualmente) Haciendo una analogía, usar una plantilla Blogger sería como poner un repuesto original en un auto; mientras que usar esas plantillas externas sería tunearlo, pero sin saber si el repuesto es 100% compatible. Muchas veces, los programadores desarrollan las plantillas y las ofrecen precisamente para poner a prueba y calibrar sus trabajos, ¿entendés? Igual, si te mandás un moco, te conviene previamente Guardar plantilla actual, la que estás usando, por si la nueva no te gusta o tiene conflictos: una especie de back-up que reservás en tu disco rígido y que podrás subir para volver a la versión anterior. Esta opción está ahí mismo, en Seleccionar plantilla nueva.
Lo de Edición de HTML permite, básicamente, dos cosas: cargar esa plantilla externa que encontraste (o la tuya anterior, la que habías guardado como copia de seguridad) y/o redefinir en lenguaje HTML la que tenés (sea cual sea). Arriba de esta sección parece, precisamente, el cajón Carga una plantilla desde un archivo de tu disco duro ("Examinar" para buscar en tu disco/"Subir" para cargarlo: eso supongo que lo entendés); y más abajo tenés todo el código de tu blog, las instrucciones que permiten que sea tal como lo tenés. Ese código es público, todos pueden ver cómo programaste tu página (no sé si sabés como hacerlo, pero todo navegador de internet -Firefox, I.E., Ópera, Netscape, etc.- tiene una opción en su menú VER que dice algo así como Ver código fuente, con la que podés acceder a las instrucciones de programación del sitio web que estás visitando) Lo del lenguaje de programación alguna vez lo conversamos: ya vas a ir aprendiendo comandos básicos (quizás) y si no lo sabés no es la muerte de nadie, pues los servicios de Blogger (o de Wordpress) están hechos para neófitos-bobos-carentes-de-iniciativa-informática-autodidáctas-y-curiosos. Pero igual vamos a hacer la introducción al tema, para que vayas empapándote. Este blog empieza con lo siguiente, que es una definición general de la ubicación de ciertas partes según la plantilla utilizada:
La tercera parte es la de Fuentes y colores. Acá va a depender de qué plantilla elegiste, porque algunas configuraciones no pueden ser modificadas (salvo que te metas en la edición del HTML). En la plantilla (template, te doy la equivalencia en ingliy, así podés guglear) que usamos acá, las opciones que podemos modificar son:
- color de fondo de la página (lo que ves en blanco)
- color del texto (el negro con que aparecen los posteos; esto podés, en una publicación particular, modificarlo cuando la escribís; ya lo vimos)
- color del vínculo (el azul oscuro con que aparecen los links)
- color del título del blog (el rojo del título, en el head)
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En el paroxismo de la inducción, un par de casos aislados habilitaron por unos días un debatito mediático • Uno en Capital y otro en provincia, como para que la paranoia no tenga respiro ni escondrijos • Palabrerío y soluciones sencillas para un problema complejo
En una escuela de la Ciudad de Buenos Aires, un grandote y un amigo se mofan impunemente de una profesora que intenta leer anodinamente andá a saber qué cosa que se refiere a la historia argentina; en una escuela de Témperley una profesora está sentada a su mesa abstraída del mundo mientras alborotadamente la rodean y le encienden el pelo. Ambos casos se conocen porque, tecnologías mediante, los registros de los hechos son tanto o más importantes que los hechos en sí: o los autores los colgaron en el ciberespacio y la tele los encontró allí, serviditos en bandeja; o algún involucrado-poseedor envió los archivos a los canales para obtener sus cinco segundos de fama. Esto, creo, es inherente a la cuestión, y por lo tanto no deja de ser menor.
Indisciplina, bromas pesadas y desmanes hubo, hay y habrá siempre. Esto no es justificarlos, pero sí ubicarlos en un contexto, relativizar su trágica marca de época. La adolescencia es una etapa en la cual es central la exploración de la norma, al derecho y al revés, casi tribalmente. La sociedad inventó las escuelas, también, para controlar, encauzar, revertir esa rebeldía sin objetivo, sin horizonte de intervención (no es subversión del orden establecido, no es verdadera rebelión: es apenas extremar y tensar las cuerdas de la paciencia como para ver qué onda).
La escuela tradicional, esa de la que yo soy hijo (y me jugaría a pensar que vos también lo sos) consideró el hecho indisciplinado como un todo en sí mismo, como un parangón con el delito en el mundo social adulto, y lo trató en consecuencia: si al delito se lo pune, a la indisciplina también. Las amonestaciones eran a la falta escolar lo que los años de cárcel al asesinato; y un reincidente en ambos casos no tenía derecho a atenuantes ni privilegios, sino a condiciones de agravamiento y dureza. El juicio no siempre era (no siempre es) justo ni siempre hallaba (no siempre halla) al verdadero autor material: cierta tendenciosidad, arbitrariedad, parcialidad teñía la sanción en la escuela (y en la sociedad), doy fe: si tenías "buenas notas" quizás zafabas "para no ensuciarte el promedio", "porque sos el abanderado", etc. Y zafabas, o estabas fatalmente condenado, por el hecho de que el haber tirado unas bombitas de olor en el aula se menguaba si habías estudiado la fórmula del movimiento rectilíneo uniforme (el cual, por otra parte, si eras realmente vivo, te había dado la pauta para tirar esa bombita y salir de raje limpia, veloz y científicamente)
El péndulo pasó del norte al sur y, a la era autoritaria del tratamiento de la falta en la escuela siguió otra en la cual, de repente, personas (docentes, padres, alumnos) educadas en el autoritarismo (y cómodas en él) tuvieron que consturir de la noche a la mañana los acuerdos institucionales (o escolares) de convivencia y pensar en la sanción como una intervención reparatoria, no punitiva, en órganos colegiados (docentes, padres, autoridades, alumnos), con deliberación y consensos. Dicho en criollo: que la sanción sea una instancia de aprendizaje para el alumno que realizó la falta, que implique la reflexión y la toma de conciencia. Nada de amonestaciones, claro está: entre todos construimos colectivamente las normas de convivencia de la institución y supervisamos su funcionamiento; la disciplina pasa a ser cuestión de convivencia, en la que están incluidos alumnos, pero también docentes, auxiliares, directivos, padres, o sea, todos aquellos que estaban acostumbrados, durante generaciones y generaciones, a que una autoridad externa y objetiva decretara según su leal saber y entender la norma, su cumplimiento, sus excepciones y sus sanciones. ¿Capacitación? ¿Transición ordenada? ¿Prueba piloto? No hay tiempo: tenemos que ser ya-ya democráticos y felices. ¿Posibilidades en la práctica? Y... que un director haya escrito "para presentar" esas pautas de convivencia (como si las hubieran construido entre todos), algo parecido a un reglamento (pero sin llamarlo así, qué horror) e intente aplicarlo, pero sin la posibilidad de amonestar a los alumnos. Se revalorizó el llamado de atención, la firma, y el pase de escuelas no sabés cómo empezó a funcionar...
La democracia, lo vemos todos los días, es una construcción fatigosa, del día a día, y una vez que se tiene no es para siempre. Implica tensiones y conflictos, porque supone intereses contrapuestos: consensos y disensos, y también decisiones acerca de cómo se tratará a aquellos que, en el disenso, intervienen de otro modo en el colectivo social. Implica también representaciones y delegaciones, y la aceptación por parte de todos de esas representaciones y delegaciones. Pero fundamentalmente conlleva colectivos de identificación, espacios imaginados como comunes, redes de vinculación, de intereses, de poder. Sin todo esto, claro está, una sociedad no puede plantearse una democracia de calidad, y una escuela es, por rejunte legal, una microsociedad.
Las reformas educativas de los últimos 20 años, lo dijimos muchas veces, fueron maquiavélicamente a tontas y a locas: mezclar todo en la coctelera y esperar que el caldo de cultivo decantara para ver qué quedó (bien destruido, claro está). Todo ya, para los papeles (donde los paradigmas siempre son perfectos y bonitos, realmente), sin atender al hecho indiscutible de que las escuelas son elefantes adormecidos en una cristalería: a un nene que apenas empezó a gatear le sacás el andador (qué cosa antigua, el andador) y le exigís que ya mismo corra el maratón Quilmes-San Isidro por Camino de Cintura, en patas y con colgantes de oro y brillantes bien a la vista...
Docentes que no tienen dominio de grupo, que no saben para qué están en un aula, hubo, hay y habrá siempre. Alumnos que necesitan tensar la norma para autoconfirmarse en su subjetividad, también. Las posibilidades de la tecnología hacen ahora que esa ratificación del yo se proyecte y amplifique para todo el mundo, con lo cual se multiplican al infinito los autores intelectuales, los cómplices, los sentidos de la praxis. Lo que es novedoso es el hecho de no saber qué hacer, de no tener a mano la respuesta autoritaria (aunque en el caso del gerente de Cuidad de Buenos Aires S. A., por medio de su Jefe del Departamento de Educación y Negocios Afines, la tentación autoritaria apareció, espasmódica, disfrazada: al tal Kevin lo rajaron -y eso que no coronó de fuego la cabellera de la enamorada de Rosas). Lo que es novedoso es que la sociedad, y la escuela, no sepamos qué hacer con la norma, no podamos recurrir a construcciones colectivas, a instancias de democracia participativa real que permitan abordar estas cuestiones que son y serán permanentes.
Hay cosas que no son novedosas: que los medios de comunicación construyan un sentido común que ahonda las contradicciones, mostrando la falta en sí misma, como un todo, en parangón con el delito, y dejando bien explícitamente el implícito de que necesitamos mano dura, de que se requiere depuración étnica urgente en la docencia y el alumnado, de que esto no da para más y que nadie hace nada (obturando el hecho de que los medios tampoco hacen nada, obviamente: las sociedades se tienen que construir sin ellos, aunque ellos sean un colectivo privilegiado de conformación de ideología). Tampoco es novedoso que los docentes (no todos, obviamente) no sepan qué hacer, cómo participar, cómo ser parte de una escuela democrática, que les exige algo más que pararse en el frente, bien pegados al pizarrón, y hablar hablar y hablar de sus saberes. No estoy poniendo el foco de la culpa en la docencia, pero está claro que el alumno de hoy no es el mismo de hace 10, 20, 30 años; y que por lo tanto, ante un sujeto pedagógico inédito se requieren intervenciones pedagógico-didácticas también inéditas, inseguras en su novedad (dan más seguridad las que conocemos, las que aplicamos desde siempre, aunque no sirvan para nada). La docente que lee ese documento acerca del rosismo en una paródica clase magistral, y la profesora de inglés que corrige trabajos mientras la clase espera, están extrapoladas, fuera del tiempo: añejadas ¿Qué suponían? ¿Qué esperarían? ¿Qué pensarían? Son víctimas y ejecutoras, a la vez, de un sistema que las dejó, conscientemente, varadas en 1980, incapaces de repensarse y repensar la profesión en la que decidieron ejercer. Paralizadas y funcionales. Toda una metáfora de la sociedad que les gusta. ¿A quién? A los que permanentemente sacan provecho de todo esto.
Indisciplina, bromas pesadas y desmanes hubo, hay y habrá siempre. Esto no es justificarlos, pero sí ubicarlos en un contexto, relativizar su trágica marca de época. La adolescencia es una etapa en la cual es central la exploración de la norma, al derecho y al revés, casi tribalmente. La sociedad inventó las escuelas, también, para controlar, encauzar, revertir esa rebeldía sin objetivo, sin horizonte de intervención (no es subversión del orden establecido, no es verdadera rebelión: es apenas extremar y tensar las cuerdas de la paciencia como para ver qué onda).
La escuela tradicional, esa de la que yo soy hijo (y me jugaría a pensar que vos también lo sos) consideró el hecho indisciplinado como un todo en sí mismo, como un parangón con el delito en el mundo social adulto, y lo trató en consecuencia: si al delito se lo pune, a la indisciplina también. Las amonestaciones eran a la falta escolar lo que los años de cárcel al asesinato; y un reincidente en ambos casos no tenía derecho a atenuantes ni privilegios, sino a condiciones de agravamiento y dureza. El juicio no siempre era (no siempre es) justo ni siempre hallaba (no siempre halla) al verdadero autor material: cierta tendenciosidad, arbitrariedad, parcialidad teñía la sanción en la escuela (y en la sociedad), doy fe: si tenías "buenas notas" quizás zafabas "para no ensuciarte el promedio", "porque sos el abanderado", etc. Y zafabas, o estabas fatalmente condenado, por el hecho de que el haber tirado unas bombitas de olor en el aula se menguaba si habías estudiado la fórmula del movimiento rectilíneo uniforme (el cual, por otra parte, si eras realmente vivo, te había dado la pauta para tirar esa bombita y salir de raje limpia, veloz y científicamente)
El péndulo pasó del norte al sur y, a la era autoritaria del tratamiento de la falta en la escuela siguió otra en la cual, de repente, personas (docentes, padres, alumnos) educadas en el autoritarismo (y cómodas en él) tuvieron que consturir de la noche a la mañana los acuerdos institucionales (o escolares) de convivencia y pensar en la sanción como una intervención reparatoria, no punitiva, en órganos colegiados (docentes, padres, autoridades, alumnos), con deliberación y consensos. Dicho en criollo: que la sanción sea una instancia de aprendizaje para el alumno que realizó la falta, que implique la reflexión y la toma de conciencia. Nada de amonestaciones, claro está: entre todos construimos colectivamente las normas de convivencia de la institución y supervisamos su funcionamiento; la disciplina pasa a ser cuestión de convivencia, en la que están incluidos alumnos, pero también docentes, auxiliares, directivos, padres, o sea, todos aquellos que estaban acostumbrados, durante generaciones y generaciones, a que una autoridad externa y objetiva decretara según su leal saber y entender la norma, su cumplimiento, sus excepciones y sus sanciones. ¿Capacitación? ¿Transición ordenada? ¿Prueba piloto? No hay tiempo: tenemos que ser ya-ya democráticos y felices. ¿Posibilidades en la práctica? Y... que un director haya escrito "para presentar" esas pautas de convivencia (como si las hubieran construido entre todos), algo parecido a un reglamento (pero sin llamarlo así, qué horror) e intente aplicarlo, pero sin la posibilidad de amonestar a los alumnos. Se revalorizó el llamado de atención, la firma, y el pase de escuelas no sabés cómo empezó a funcionar...
La democracia, lo vemos todos los días, es una construcción fatigosa, del día a día, y una vez que se tiene no es para siempre. Implica tensiones y conflictos, porque supone intereses contrapuestos: consensos y disensos, y también decisiones acerca de cómo se tratará a aquellos que, en el disenso, intervienen de otro modo en el colectivo social. Implica también representaciones y delegaciones, y la aceptación por parte de todos de esas representaciones y delegaciones. Pero fundamentalmente conlleva colectivos de identificación, espacios imaginados como comunes, redes de vinculación, de intereses, de poder. Sin todo esto, claro está, una sociedad no puede plantearse una democracia de calidad, y una escuela es, por rejunte legal, una microsociedad.
Las reformas educativas de los últimos 20 años, lo dijimos muchas veces, fueron maquiavélicamente a tontas y a locas: mezclar todo en la coctelera y esperar que el caldo de cultivo decantara para ver qué quedó (bien destruido, claro está). Todo ya, para los papeles (donde los paradigmas siempre son perfectos y bonitos, realmente), sin atender al hecho indiscutible de que las escuelas son elefantes adormecidos en una cristalería: a un nene que apenas empezó a gatear le sacás el andador (qué cosa antigua, el andador) y le exigís que ya mismo corra el maratón Quilmes-San Isidro por Camino de Cintura, en patas y con colgantes de oro y brillantes bien a la vista...
Docentes que no tienen dominio de grupo, que no saben para qué están en un aula, hubo, hay y habrá siempre. Alumnos que necesitan tensar la norma para autoconfirmarse en su subjetividad, también. Las posibilidades de la tecnología hacen ahora que esa ratificación del yo se proyecte y amplifique para todo el mundo, con lo cual se multiplican al infinito los autores intelectuales, los cómplices, los sentidos de la praxis. Lo que es novedoso es el hecho de no saber qué hacer, de no tener a mano la respuesta autoritaria (aunque en el caso del gerente de Cuidad de Buenos Aires S. A., por medio de su Jefe del Departamento de Educación y Negocios Afines, la tentación autoritaria apareció, espasmódica, disfrazada: al tal Kevin lo rajaron -y eso que no coronó de fuego la cabellera de la enamorada de Rosas). Lo que es novedoso es que la sociedad, y la escuela, no sepamos qué hacer con la norma, no podamos recurrir a construcciones colectivas, a instancias de democracia participativa real que permitan abordar estas cuestiones que son y serán permanentes.
Hay cosas que no son novedosas: que los medios de comunicación construyan un sentido común que ahonda las contradicciones, mostrando la falta en sí misma, como un todo, en parangón con el delito, y dejando bien explícitamente el implícito de que necesitamos mano dura, de que se requiere depuración étnica urgente en la docencia y el alumnado, de que esto no da para más y que nadie hace nada (obturando el hecho de que los medios tampoco hacen nada, obviamente: las sociedades se tienen que construir sin ellos, aunque ellos sean un colectivo privilegiado de conformación de ideología). Tampoco es novedoso que los docentes (no todos, obviamente) no sepan qué hacer, cómo participar, cómo ser parte de una escuela democrática, que les exige algo más que pararse en el frente, bien pegados al pizarrón, y hablar hablar y hablar de sus saberes. No estoy poniendo el foco de la culpa en la docencia, pero está claro que el alumno de hoy no es el mismo de hace 10, 20, 30 años; y que por lo tanto, ante un sujeto pedagógico inédito se requieren intervenciones pedagógico-didácticas también inéditas, inseguras en su novedad (dan más seguridad las que conocemos, las que aplicamos desde siempre, aunque no sirvan para nada). La docente que lee ese documento acerca del rosismo en una paródica clase magistral, y la profesora de inglés que corrige trabajos mientras la clase espera, están extrapoladas, fuera del tiempo: añejadas ¿Qué suponían? ¿Qué esperarían? ¿Qué pensarían? Son víctimas y ejecutoras, a la vez, de un sistema que las dejó, conscientemente, varadas en 1980, incapaces de repensarse y repensar la profesión en la que decidieron ejercer. Paralizadas y funcionales. Toda una metáfora de la sociedad que les gusta. ¿A quién? A los que permanentemente sacan provecho de todo esto.
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