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jueves 17 de julio de 2008

Un triunfo de la democracia

Esto no terminó (no debería terminar) con la sesión en la Cámara de Senadores de esta madrugada • Sensaciones acerca de un debate que no se dio • Lo que en verdad estuvo en juego (y pasó por el costado)


En la madrugada de hoy, la Cámara de Senadores de la Nación rechazó el proyecto de ley que ratificaba la famosísima Resolución del Ministerio de Economía Nº 125/08, y además delegaba en el Poder Ejecutivo el ejercicio de la facultad de fijar los derechos aduaneros de exportación (retenciones). En una votación empatada, el Vicepresidente de la Nación, en su función constitucional de Presidente del Senado, dirimió la paridad decidiéndose por el rechazo de ese proyecto. Las cámaras empresariales del sector agrícola, y los políticos alineados con ellas, mostraron en el fin de la sesión y durante el día de hoy su satisfacción, afirmando (palabras más, palabras menos) que éste fue un triunfo de la democracia.

Desde un punto de vista lingüístico, el sintagma deverbal un triunfo de la democracia es una figura retórica, una metonimia que condensa y oculta sentidos: la democracia triunfó sería su equivalente verbal, aunque no podemos recuperar quién es el agente de esa acción (el sujeto oracional): ¿los demócratas?, ¿la oposición?, ¿las cámaras del campo?, ¿el “pueblo”, la “gente”? ¿Los repudiados del que se vayan todos, pero se quedaron, como Carlos "Me llevo todo" Menem, Hilda "Porta-apellidos" G. de Duhalde, Adolfo "Jueguetito" Rodríguez Saa? El sintagma un triunfo de la democracia es un útil lingüístico, que permite construir, desde el discurso, un colectivo de identificación (y, por lo tanto, de des-identificación) difuso pero efectivo: alguien no es parte de la democracia; si alguien triunfó, alguien perdió.

El signo (ideológico, a fin de cuentas) democracia ha ido trasvasando sus sentidos con el péndulo de nuestra historia: de aquel fundacional, de corte liberal, en el que el pueblo a que aludía era el letrado, entendido, burgués, a otro más amplio, el del aluvión zoológico; de categoría más o menos abstracta y poco convincente, a la utopía del se come, se cura y se educa; de la delegación del poder en manos de algún caudillo más o menos fuerte, a la utópica participación en instancias de representación y control asamblearios, allá por 2002. Y en el medio, siempre, sectores sociales que se sintieron dentro o fuera de la democracia, que se creyeron los dueños o custodios o mártires o quintaescencias de esa democracia. Y siempre, también, el poder, la disputa o cesión o preservación del verdadero poder, porque de eso se trata.

La paradoja de estos cuatro meses en los cuales el “conflicto” del “campo” (aquí, de nuevo, la trampa lingüística: este sintagma se conforma sobre el campo tiene un conflicto, hecho que demuda, esconde y diluye varias cuestiones, que hacen a la verdadera) coronó la agenda es que las posiciones se adoptaron, una vez más, como un Ríver-Boca acrítico, en el cual lo comunicacional (casi goebbelianamente) hizo sucumbir al debate: voces chillonas y sordas que hartaron a las acomodaticias y tranquilonas clases medias urbanas, esas que quieren seguir anestesiándose con el Tinelli visto en la tele de plasma 42’ pagada en cuotas. La paradoja es, entonces, que el triunfo de la democracia sea, en buena medida, el del no te metás, en su versión no jodan más, quiero vivir en paz. En democracia, no se puede vivir en esa paz de cementerio, pues los conflictos son inherentes a las sociedades, y la confrontación por el poder, por los proyectos, por los modelos, se definen con, pero también más allá, de los votos de un domingo.

Un cuarto de siglo de una economía agro-exportadora, de exacción de materias primas, con soporte en las finanzas y los servicios, fue impuesto a rebenque y sangre. No se sale de él con paz, ni con el diálogo del hambriento a los pies de la mesa del opulento amo. Se sale con tensiones, con confrontaciones, con disputas encuadradas en la política, entendida precisamente como el espacio en el que los sujetos sociales, y sus representantes, abordan estas coyunturas: acuerdan y negocian, pero sin el tufillo de tongo y transa que se le suele asignar a esta acción. Ciertos sectores hay a favor de aquella economía, y otros que confrontan con ella. Ni “el campo” es, todo él, homogéneamente conservador-gorila, ni “el gobierno” es el revolucionario que viene a socializar los medios de producción. Se trató, apenas, de un voraz intento de quedarse con parte de una tajada, generosa tajada extra de esos que quieren (o tienen, o desean) toda (o buena parte de toda) la torta: apenas una medida desarticulada, que dijo pretender redistribuir, dentro de un modelo que no redistribuye a conciencia y con vocación. Y se trató, también, de un rechazo en el que se embolsó todo al por mayor y sin propuesta alternativa seria y a la vista, egoístamente, poniendo en vilo la frágil economía del país: sectores agrupados por el espanto que pretendieron (y van logrando) jaquear un gobierno como para marcar límites, delimitar una cancha. El senador oficialista Urquía, dueño de Aceitera Deheza (una de las mayores agro-exportadoras del país) manifestó ayer implícitamente en el recinto lo que no se puede explicitar: que la coyuntura internacional invita a alimentar a 400 millones de personas, y que sólo cuando se venda (se gane) por esa cantidad, se podrá hablar de alimentarnos a los 40 millones de argentinos.

A pesar de que el análisis contrafáctico no tiene entidad científica, a veces es útil para repensar categorías. ¿Qué hubiera pasado si Cobos hubiese desempatado a favor de la ley? Seguramente, no hubiera sido un triunfo de la democracia, por más que fuese el mismo gobierno el que impulsó el tratamiento legislativo de la medida; seguramente hubiera sido banelquizado ese hipotético triunfo, esmerilado, empañado. Sin embargo, esto no ocurrió y el número dos del Poder Ejecutivo votó en contra de la ratificación de una medida que impulsó ese mismo Poder. Visto estrictamente de afuera, y con perspectiva puramente política, no haber sostenido la medida (que ni siquiera la propia tropa acompañó palmariamente), es algo prudente. Pero pone en emergencia, precisamente, la calidad de esta democracia que –dicen– fue la que triunfó: el sistema de representación, el debate acerca de los proyectos de país. Quién, cómo y para qué tiene o quiere el poder, en definitiva.

martes 15 de julio de 2008

Cómo crear y configurar un blog (V)

Vamos terminando las "lecciones" • Ya sobrevolamos dos de las tres opciones del PANEL, y ahora recorreremos (parte de) la última: DISEÑO


En el PANEL, que es donde está el comando central de nuestro blog, la última opción corresponde al DISEÑO. La mononería, podríamos decir, o sea, el embellecimiento (sobre todo visual) y la distribución de los elementos de nuestro blog. Acá depende mucho de tu gusto, de tu estilo, aunque vas a tener en cuenta que cada vez más es importante la cuestión visual, lo amigable de un sitio web (un blog, en buena medida, es un proto-sitio)

Los submenúes de la pestaña DISEÑO son: Elementos de la página, Fuentes y colores, Edición de HTML y Seleccionar plantilla nueva. Los vamos a ir viendo desde el último hasta el primero.

Cuando creaste el blog, la primera vez, allá lejos y hace tiempo, elegiste una plantilla, es decir, un pre-formato de diseño, un estándar en el que se moldean las fuentes, los colores, la distribución de elementos, etc. Eso no es fijo y podés cambiarlo cuantas veces quieras, aunque cada nueva plantilla va a reconfigurar y reordenar los elementos, sus colores, etc. Nada trágico, como vamos a ver en los siguientes párrafos. Hay muchas plantillas disponibles en Blogger, y cada una de ellas tiene "sus cositas". Si me permitís un consejo, lector invisible y silencioso/a, te diría que para decidirte tendrías que tener en cuenta no tanto los colores y los tipos de fuente sino dónde va (y cómo aparece) cada elemento (el título del blog, el encabezado, las publicaciones, la sidebar, etc.) Además de Blogger, otros/as fulanos/as, programadores ellos, ofrecen gratuitamente sus plantillas personales, algunas muy copadas (tienen hasta cuatro columnas, por ejemplo) pero que no siempre satisfacen, sobre todo si regenteás un blog muy recargado de cosas (como éste, por ejemplo) ya que no respetan todos los añadidos que tenés (o sí, pero tenés que volver a incluirlos manualmente) Haciendo una analogía, usar una plantilla Blogger sería como poner un repuesto original en un auto; mientras que usar esas plantillas externas sería tunearlo, pero sin saber si el repuesto es 100% compatible. Muchas veces, los programadores desarrollan las plantillas y las ofrecen precisamente para poner a prueba y calibrar sus trabajos, ¿entendés? Igual, si te mandás un moco, te conviene previamente Guardar plantilla actual, la que estás usando, por si la nueva no te gusta o tiene conflictos: una especie de back-up que reservás en tu disco rígido y que podrás subir para volver a la versión anterior. Esta opción está ahí mismo, en Seleccionar plantilla nueva.

Lo de Edición de HTML permite, básicamente, dos cosas: cargar esa plantilla externa que encontraste (o la tuya anterior, la que habías guardado como copia de seguridad) y/o redefinir en lenguaje HTML la que tenés (sea cual sea). Arriba de esta sección parece, precisamente, el cajón Carga una plantilla desde un archivo de tu disco duro ("Examinar" para buscar en tu disco/"Subir" para cargarlo: eso supongo que lo entendés); y más abajo tenés todo el código de tu blog, las instrucciones que permiten que sea tal como lo tenés. Ese código es público, todos pueden ver cómo programaste tu página (no sé si sabés como hacerlo, pero todo navegador de internet -Firefox, I.E., Ópera, Netscape, etc.- tiene una opción en su menú VER que dice algo así como Ver código fuente, con la que podés acceder a las instrucciones de programación del sitio web que estás visitando) Lo del lenguaje de programación alguna vez lo conversamos: ya vas a ir aprendiendo comandos básicos (quizás) y si no lo sabés no es la muerte de nadie, pues los servicios de Blogger (o de Wordpress) están hechos para neófitos-bobos-carentes-de-iniciativa-informática-autodidáctas-y-curiosos. Pero igual vamos a hacer la introducción al tema, para que vayas empapándote. Este blog empieza con lo siguiente, que es una definición general de la ubicación de ciertas partes según la plantilla utilizada:
Vamos de a poco. Toda instrucción HTML va encerrada entre angulares (<>) El paréntesis de apertura abre un comando, y el de cierre, precedido por la barra (/) indica el fin de la instrucción. Después del fragmento que citamos anteriormente, en el código de este blog aparece la definición de todas las variables que las instrucciones utilizan. La primera variable que define es:
Dicho en criollo, esto se leería más o menos así: nombre de la variable="bgcolor", que se describe="color de fondo de la página", que es del tipo="color" por defecto="#fff", y cuyo valor es "#ffffff". Todo esto quiere decir que la variable "bgcolor" (lo que está entre comillas refiere a elementos específicos, predefinidos, axiomas de base que el lenguaje sabe reconocer, una especie de lexicón incorporado a ese lenguaje) se aplica el elemento "Page Background Color", que es del tipo "color" (hay elementos del tipo "font" [fuente], etc.) y que en la paleta de colores, que se codifica hexadecimalmente, se corresponde con tal número (#fff , cuyo valor es #ffffff). Los signos de igualdad vendrían a equivaler a la orden asígnese a esta instrucción tal variable, o a esta variable tal parámetro. El código está programado en partes, y así vas a ir encontrando la sección Body, que configura el código que define el cuerpo de tu blog; o Header, donde aparecen las variables del encabezado y sus subpartes, etc. Sin miedo, andá viendo cada sector, andá agregando de a uno nuevos elementos y fijáte cómo se definieron en el lenguaje de programación. Así se aprende, te lo aseguro (y si no, miráme a mí, que jamás estudié nada de todo esto y acá estoy, dando aires de suficiencia) Igualmente, la próxima publicación ahondará en esto del HTML, al menos en lo que es más útil y más rinde ;)

La tercera parte es la de Fuentes y colores. Acá va a depender de qué plantilla elegiste, porque algunas configuraciones no pueden ser modificadas (salvo que te metas en la edición del HTML). En la plantilla (template, te doy la equivalencia en ingliy, así podés guglear) que usamos acá, las opciones que podemos modificar son:
  • color de fondo de la página (lo que ves en blanco)
  • color del texto (el negro con que aparecen los posteos; esto podés, en una publicación particular, modificarlo cuando la escribís; ya lo vimos)
  • color del vínculo (el azul oscuro con que aparecen los links)
  • color del título del blog (el rojo del título, en el head)
  • color de la descripción del blog (el naranja que aparece abajo del título del blog)
  • color del borde (el rojo de las líneas que aparecen por allí, encerrando las imágenes y el título)
  • color del título de la columna lateral [o sidebar] (el carmín de los títulos de la columna derecha)
  • color del texto de la columna lateral (lo que en la sidebar aparece en gris; lo que no está con este color lo modifiqué manualmente desde el HTML de cada elemento)
  • color de los vínculos visitados (el naranja pálido con que figuran los links una vez que los visitaste)
  • fuente del texto (la tipografía -tipo, tamaño y edición- con que se publican todos los textos del blog, salvo -como siempre- que lo reconfigures para algún elemento en particular en el código)
  • fuente del título de la barra lateral (ídem)
  • fuente del título del blog (ídem)
  • fuente del pie de página de la entrada (los textos que aparecen al pie: "Comentarios"."Vínculos a esta entrada", "Ver todo mi perfil", etc.)
Siempre que tomes una decisión en esta pestaña, vas a poder previsualizarla abajo, donde te muestra cómo quedaría tu blog con esa modificación que estás probando. Si lo que hiciste no te gusta, podés Borrar cambios o, a la inversa, Guardar cambios. También tenés la opción para ver en Ventana externa, que lógicamente te abre tu blog en una ventana nueva, para que visualices en tamaño real lo que modificaste.

Va a quedar para la próxima la última opción, la de Elementos de la página. Creo que por hoy es suficiente, así que salí al recreo, que te lo merecés.

Acerca de la violencia y la escuela

En el paroxismo de la inducción, un par de casos aislados habilitaron por unos días un debatito mediático • Uno en Capital y otro en provincia, como para que la paranoia no tenga respiro ni escondrijos • Palabrerío y soluciones sencillas para un problema complejo


En una escuela de la Ciudad de Buenos Aires, un grandote y un amigo se mofan impunemente de una profesora que intenta leer anodinamente andá a saber qué cosa que se refiere a la historia argentina; en una escuela de Témperley una profesora está sentada a su mesa abstraída del mundo mientras alborotadamente la rodean y le encienden el pelo. Ambos casos se conocen porque, tecnologías mediante, los registros de los hechos son tanto o más importantes que los hechos en sí: o los autores los colgaron en el ciberespacio y la tele los encontró allí, serviditos en bandeja; o algún involucrado-poseedor envió los archivos a los canales para obtener sus cinco segundos de fama. Esto, creo, es inherente a la cuestión, y por lo tanto no deja de ser menor.

Indisciplina, bromas pesadas y desmanes hubo, hay y habrá siempre. Esto no es justificarlos, pero sí ubicarlos en un contexto, relativizar su trágica marca de época. La adolescencia es una etapa en la cual es central la exploración de la norma, al derecho y al revés, casi tribalmente. La sociedad inventó las escuelas, también, para controlar, encauzar, revertir esa rebeldía sin objetivo, sin horizonte de intervención (no es subversión del orden establecido, no es verdadera rebelión: es apenas extremar y tensar las cuerdas de la paciencia como para ver qué onda).

La escuela tradicional, esa de la que yo soy hijo (y me jugaría a pensar que vos también lo sos) consideró el hecho indisciplinado como un todo en sí mismo, como un parangón con el delito en el mundo social adulto, y lo trató en consecuencia: si al delito se lo pune, a la indisciplina también. Las amonestaciones eran a la falta escolar lo que los años de cárcel al asesinato; y un reincidente en ambos casos no tenía derecho a atenuantes ni privilegios, sino a condiciones de agravamiento y dureza. El juicio no siempre era (no siempre es) justo ni siempre hallaba (no siempre halla) al verdadero autor material: cierta tendenciosidad, arbitrariedad, parcialidad teñía la sanción en la escuela (y en la sociedad), doy fe: si tenías "buenas notas" quizás zafabas "para no ensuciarte el promedio", "porque sos el abanderado", etc. Y zafabas, o estabas fatalmente condenado, por el hecho de que el haber tirado unas bombitas de olor en el aula se menguaba si habías estudiado la fórmula del movimiento rectilíneo uniforme (el cual, por otra parte, si eras realmente vivo, te había dado la pauta para tirar esa bombita y salir de raje limpia, veloz y científicamente)

El péndulo pasó del norte al sur y, a la era autoritaria del tratamiento de la falta en la escuela siguió otra en la cual, de repente, personas (docentes, padres, alumnos) educadas en el autoritarismo (y cómodas en él) tuvieron que consturir de la noche a la mañana los acuerdos institucionales (o escolares) de convivencia y pensar en la sanción como una intervención reparatoria, no punitiva, en órganos colegiados (docentes, padres, autoridades, alumnos), con deliberación y consensos. Dicho en criollo: que la sanción sea una instancia de aprendizaje para el alumno que realizó la falta, que implique la reflexión y la toma de conciencia. Nada de amonestaciones, claro está: entre todos construimos colectivamente las normas de convivencia de la institución y supervisamos su funcionamiento; la disciplina pasa a ser cuestión de convivencia, en la que están incluidos alumnos, pero también docentes, auxiliares, directivos, padres, o sea, todos aquellos que estaban acostumbrados, durante generaciones y generaciones, a que una autoridad externa y objetiva decretara según su leal saber y entender la norma, su cumplimiento, sus excepciones y sus sanciones. ¿Capacitación? ¿Transición ordenada? ¿Prueba piloto? No hay tiempo: tenemos que ser ya-ya democráticos y felices. ¿Posibilidades en la práctica? Y... que un director haya escrito "para presentar" esas pautas de convivencia (como si las hubieran construido entre todos), algo parecido a un reglamento (pero sin llamarlo así, qué horror) e intente aplicarlo, pero sin la posibilidad de amonestar a los alumnos. Se revalorizó el llamado de atención, la firma, y el pase de escuelas no sabés cómo empezó a funcionar...

La democracia, lo vemos todos los días, es una construcción fatigosa, del día a día, y una vez que se tiene no es para siempre. Implica tensiones y conflictos, porque supone intereses contrapuestos: consensos y disensos, y también decisiones acerca de cómo se tratará a aquellos que, en el disenso, intervienen de otro modo en el colectivo social. Implica también representaciones y delegaciones, y la aceptación por parte de todos de esas representaciones y delegaciones. Pero fundamentalmente conlleva colectivos de identificación, espacios imaginados como comunes, redes de vinculación, de intereses, de poder. Sin todo esto, claro está, una sociedad no puede plantearse una democracia de calidad, y una escuela es, por rejunte legal, una microsociedad.

Las reformas educativas de los últimos 20 años, lo dijimos muchas veces, fueron maquiavélicamente a tontas y a locas: mezclar todo en la coctelera y esperar que el caldo de cultivo decantara para ver qué quedó (bien destruido, claro está). Todo ya, para los papeles (donde los paradigmas siempre son perfectos y bonitos, realmente), sin atender al hecho indiscutible de que las escuelas son elefantes adormecidos en una cristalería: a un nene que apenas empezó a gatear le sacás el andador (qué cosa antigua, el andador) y le exigís que ya mismo corra el maratón Quilmes-San Isidro por Camino de Cintura, en patas y con colgantes de oro y brillantes bien a la vista...

Docentes que no tienen dominio de grupo, que no saben para qué están en un aula, hubo, hay y habrá siempre. Alumnos que necesitan tensar la norma para autoconfirmarse en su subjetividad, también. Las posibilidades de la tecnología hacen ahora que esa ratificación del yo se proyecte y amplifique para todo el mundo, con lo cual se multiplican al infinito los autores intelectuales, los cómplices, los sentidos de la praxis. Lo que es novedoso es el hecho de no saber qué hacer, de no tener a mano la respuesta autoritaria (aunque en el caso del gerente de Cuidad de Buenos Aires S. A., por medio de su Jefe del Departamento de Educación y Negocios Afines, la tentación autoritaria apareció, espasmódica, disfrazada: al tal Kevin lo rajaron -y eso que no coronó de fuego la cabellera de la enamorada de Rosas). Lo que es novedoso es que la sociedad, y la escuela, no sepamos qué hacer con la norma, no podamos recurrir a construcciones colectivas, a instancias de democracia participativa real que permitan abordar estas cuestiones que son y serán permanentes.

Hay cosas que no son novedosas: que los medios de comunicación construyan un sentido común que ahonda las contradicciones, mostrando la falta en sí misma, como un todo, en parangón con el delito, y dejando bien explícitamente el implícito de que necesitamos mano dura, de que se requiere depuración étnica urgente en la docencia y el alumnado, de que esto no da para más y que nadie hace nada (obturando el hecho de que los medios tampoco hacen nada, obviamente: las sociedades se tienen que construir sin ellos, aunque ellos sean un colectivo privilegiado de conformación de ideología). Tampoco es novedoso que los docentes (no todos, obviamente) no sepan qué hacer, cómo participar, cómo ser parte de una escuela democrática, que les exige algo más que pararse en el frente, bien pegados al pizarrón, y hablar hablar y hablar de sus saberes. No estoy poniendo el foco de la culpa en la docencia, pero está claro que el alumno de hoy no es el mismo de hace 10, 20, 30 años; y que por lo tanto, ante un sujeto pedagógico inédito se requieren intervenciones pedagógico-didácticas también inéditas, inseguras en su novedad (dan más seguridad las que conocemos, las que aplicamos desde siempre, aunque no sirvan para nada). La docente que lee ese documento acerca del rosismo en una paródica clase magistral, y la profesora de inglés que corrige trabajos mientras la clase espera, están extrapoladas, fuera del tiempo: añejadas ¿Qué suponían? ¿Qué esperarían? ¿Qué pensarían? Son víctimas y ejecutoras, a la vez, de un sistema que las dejó, conscientemente, varadas en 1980, incapaces de repensarse y repensar la profesión en la que decidieron ejercer. Paralizadas y funcionales. Toda una metáfora de la sociedad que les gusta. ¿A quién? A los que permanentemente sacan provecho de todo esto.

domingo 13 de julio de 2008

Suponéte

Acá va una linda analogía • Sencillita y clara • Una de esas cosas que hubiera querido escribir uno, que uno no sabía cómo expresar, o que esta expresa mejor • Disfrutála


Suponéte

Un día como hoy pero de 1980, suponéte, yo heredé una fábrica de
consoladores. Durante 20 años la pude mantener de pedo. Hacía consoladores para la Argentina porque mis costos eran muy altos y mi fábrica no era competitiva para exportarlos: los taiwaneses y los de India eran mucho más baratos. En fin, suponéte que mi problema era que por cada peso que yo ponía, mi fábrica podía producir solamente 5 ctvs. más. Esto en las mejores épocas. En otras, suponéte, que directamente perdía plata. Ahora, los taiwaneses, por cada peso invertido ganaban 40 ctvs., con lo cual, ellos podían bajar el precio de venta de sus consoladores para competir con los míos y es así como ellos vendían más consoladores que yo.

Para fines de los ´90 mi fábrica estaba fundida y yo debía mucha plata al banco.

Ahora, suponéte que un día el gobierno decide devaluar la moneda. En el gobierno piensan que si se devalúa la moneda se favorece a la producción porque se achican los costos nacionales en relación con el precio internacional. A mí me re conviene porque puedo empezar a ganar más plata por cada peso invertido y así puedo competir con los consoladores taiwaneses. Para devaluar la moneda la sociedad entera tiene que pagar el costo: luego de una devaluación los sueldos de toda la gente valen menos que antes: aunque en números sea lo mismo, pueden comprar muchas menos cosas. Igualmente la sociedad decide hacer ese esfuerzo porque sirve para reactivar la producción y generar trabajo para todos.

El gobierno, en su decisión de favorecer a la producción, me refinancia mi deuda con el banco, me da una tasa de interés muy barata y yo puedo quedarme con mi fábrica. Además, para mantener el precio de la moneda devaluada sale a comprar dólares todo el tiempo, miles de millones de dólares para que los consoladores argentinos sean competitivos. Encima, como para hacer consoladores yo necesito goma, y éste es un derivado del petróleo, que tiene precio internacional en dólares y está cada vez más caro, el gobierno me rebaja el costo de la goma, subsidiándola. Tanto la plata para pagar mi deuda con el banco, como la plata para mantener alto el dólar, como la plata para financiarme la goma, sale de las arcas nacionales, del Estado. Es así como, entonces, todos los argentinos ayudan a pagar mis deudas y a financiarme los costos de mi producción.

En fin, ahora yo tengo mi fábrica con una rentabilidad bárbara de 35 por ciento por cada peso que invierto. Encima, se reactivaron todas las fábricas del país, creció el trabajo y los salarios. Ya van 5 años seguidos en que la situación mejora cada día. Mi actividad está tan subvencionada que prácticamente no tengo riesgo empresario, es decir, tengo que hacer fuerza para que me vaya mal.

¿Y entonces qué pasa? Pasa que de golpe en China hay una revolución sexual. Todas las chinas se revelan, se cansan de que los chinitos no se pongan las pilas en la catrera y salen como locas a comprar consoladores de goma. Miles de millones de chinas -desesperadas- que hacen cola para comprar artefactos que satisfagan sus necesidades. En China, el gobierno declara la Emergencia Sexual y saca una Ley de Seguridad Consolante: abre las fronteras, sin impuestos, para todos los consoladores del mundo que quieran entrar en la China. El precio internacional de los consoladores se dispara: un consolador sale dos, tres, hasta cuatro veces lo que salía antes.

A mí me viene al pelo. Suponéte que, de pronto y por una cuestión ajena, por cada peso invertido puedo sacar hasta dos pesos con treinta centavos, ¡una rentabilidad del 130 por ciento! De golpe, hacer consoladores no sólo es una actividad que me permite vivir bien, ahora me permite hacerme millonaria. Y eso que sigo siendo una 'pequeña productora de consoladores', que no es lo mismo que 'productora de pequeños consoladores'. Así y todo estoy ganando,suponéte, 40.000 pesos por mes. Chocha.

¿Pero qué pasa? Como hacer consoladores es tan rentable, muchos de los que hacen fideos, remeras, lapiceras, latas de comida, remedios o galletitas se vuelcan masivamente a la industria del consolador porque todos quieren hacer mucha plata, obviamente. Como consecuencia, en Argentina pasan tres cosas:
1. Todos los consoladores se venden al exterior, dejando a los consumidores de consoladores argentinos sin el producto o al mismo precio que se paga afuera (carísimo). Como nuestros sueldos están devaluados y están devaluados para que se puedan fabricar un montón de cosas, esta consecuencia es absolutamente injusta ya que hacemos el sacrificio para que se puedan fabricar consoladores pero nos quedamos sin la capacidad adquisitiva para poder comprarlos.
2. Como consecuencia de que muchas fábricas se cambian al rubro de los consoladores de goma, se dejan de fabricar muchas cosas y al haber menos cantidad de esas cosas, aumentan de precio, con lo cual nuestros sueldos pierden poder adquisitivo con respecto a todos los productos.
3. Además, como es tan rentable hacer consoladores, mi fábrica aumenta de precio. Antes valía 100.000 pesos, ahora vale 500.000 pesos. Entonces yo ahora ya ni siquiera trabajo. Directamente me conviene alquilar mi fábrica a otro que la trabaje mientras yo me rasco el higo todo el día. Vienen fondos de inversión, pooles de juguetes sexuales y empiezan a alquilar fábricas en todo el país y las dedican a la producción de consoladores.

El gobierno, entonces, tiene que hacer algo. Porque la gente lo votó por haber reactivado la economía, pero siempre y cuando los sueldos alcancen para vivir, lo cual es lógico. La gente aceptó pagar el costo de la deuda de los sectores productivos, pero a cambio de poder trabajar y comer, como mínimo y, por ahí, en el mejor de los casos, progresar.

Y lo que hace el gobierno es ponerme retenciones móviles a la exportación de consoladores, con lo cual, ahora mi rentabilidad vuelve a ser del 30 por ciento. Cuando aumenta mucho el precio del consolador, aumentan las retenciones; cuando baja el precio del consolador, baja la retención. Yo siempre gano lo mismo, o sea, mucho: 30 por ciento anual, que es seis veces más que lo que gana una fábrica de consoladores en cualquier lugar del mundo.

Suponéte que, entonces, yo soy muy irracional y egoísta. Suponéte que además no tengo memoria, no me acuerdo de lo mal que me iba antes y me olvido, además, de los esfuerzos que hizo toda la sociedad para que a mí me fuera bien. De golpe me junto con todos los productores de consoladores y me pongo a armar un gran quilombo. Corto las rutas y no permito el paso de ningún otro producto. Genero desabastecimiento, suben los precios, la gente pierde aún más poder adquisitivo, etc.

Para justificarme, me dedico junto a mis compañeros fabricantes de consoladores a diseñar un discurso que me exculpe de mis acciones antipopulares y desestabilizadoras: 'Consoladores=Patria', 'Paja o Muerte', 'Todos somos Consoladores', 'No al Aborto, Sí al Consolador', 'Con los Consoladores estábamos mejor', 'K tirame la goma'.

La oposición y los medios me apoyan, aunque lo hagan solamente porque están en contra del gobierno y se aprovechan de la situación. Suponéte que a mí no me importa y me aprovecho también de ese apoyo.

El gobierno no me reprime, es sumamente racional al respecto del manejo del conflicto, entonces yo me aprovecho de esa situación y radicalizo mi protesta. Los medios y la clase alta, que siempre habían condenado los cortes y el uso de la fuerza en la protesta, ahora lo apoyan, con lo cual todo me sale redondo.

Hasta acá la historia es igual a la del campo. Pero suponéte que en vez de pasar lo mismo que pasa con el campo, en el conflicto de los consoladores pase otra cosa. Suponéte que de golpe, el gobierno dice:
'Bueno, tenés razón. Te voy a sacar las retenciones móviles.' Yo me pongo re contenta, hago un acto en Rosario y salto de alegría por haber ganado la batalla junto a todos mis amigos de la Sociedad Consoladora Argentina, el Pro y la Carrió que apoya cuanto consolador se le cruza. Gané la batalla.

Al otro día, el gobierno dice: 'Te saqué las retenciones, pero también se las saqué al petróleo y además dejé de comprar dólares para mantener el tipo de cambio y, además, ¿sabés qué?, voy a dejar de financiarte tus deudas con el banco y voy a liberar las paritarias para que los trabajadores exijan los sueldos que quieran y voy a dejar de hacer rutas para transportar consoladores y voy a mandar esa guita para hacer hoteles de alojamiento populares y además voy a lanzar un montón de medidas para fiscalizar a la producción de consoladores porque ese sector es el que más evade impuestos en nuestro país.'

Entonces, aumenta la goma en dólares. Y el costo del trabajo aumenta a valores europeos. Y encima tengo más presión fiscal y se me va un 33 por ciento de la ganancia que antes no pagaba porque me hacia la gila. Para colmo, se revalúa la moneda porque ya el gobierno no sale a comprar dólares, con lo cual la diferencia que hacía antes en el mercado internacional se achica. Ahora no tengo retenciones y, aunque sigo ganando plata, gano inclusive menos que cuando tenía retenciones.

Un día se acaba la fiesta sexual en China. Las minitas vuelven todas al lecho masculino porque los chinitos se pusieron a estudiar tantra como locos y ahora pueden mantener una erección durante 48 horas seguidas. El sexo adquiere la calidad de 'Actividad Protegida por la República Popular China'. Por efecto de la transnacionalización de la cultura oriental, se abren escuelas de tantra en todo el mundo. Los consoladores pasan de moda. El pene, viejo y peludo nomás, vuelve a ser el mejor amigo entre las chinitas de todo el mundo. Los hombres readquieren su seguridad, pues se habían visto reemplazados por simples pedazos de goma. Al haber volcado sus esfuerzos en hacer la vida de sus compañeras más placenteras, abandonando el egoísmo sexual que los caracterizaba, la humanidad entera se encamina hacia una época más feliz.

Suponéte que en Argentina ahora nos tapan los consoladores. No nos sirven para nada. Encima perdimos la capacidad de producir cualquier otra cosa. No nos tecnificamos, no nos modernizamos, no diversificamos nuestra producción, en fin, se nos pasó el tren.

Ahora mi actividad no tiene ni renta extraordinaria ni el apoyo del estado. Suponéte que tengo miles de cajas llenas de penes de goma y que me los tengo que meter en el culo.

Suponéte...
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Daniel Medina
www.danielmedina.com.ar
[N. del E. (que, aclaro, no es "Nota del Editor", sino "Nota del Esteban"): edité -sin autorización- el mensaje, corrigiendo cuestiones menores de redacción y estilo]

martes 8 de julio de 2008

Documentales: Otras miradas

Copio y pego la información que me envió Daniela de Turdera

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales tiene el agrado de invitar al
lanzamiento de la I Muestra Latinoamericana de Documentales "Otras Miradas",
que se realizará los días 21, 22 y 23 de julio de 2008 en la Biblioteca Nacional,
Agüero 2502, Ciudad de Buenos Aires, con entrada libre y gratuita.

Esta muestra, compuesta por once documentales provenientes de diversos puntos de América Latina, es el corolario del I Concurso "Otras Miradas", que contó con la participación de 276 realizaciones. Se trata de películas que efectúan un valioso aporte para la reflexión sobre algunas de las más relevantes luchas y experiencias de autoorganización actuales en Latinoamérica, realizadas por notables cineastas que aprovechan las nuevas tecnologías para construir otros sentidos, con otras miradas.

Para nosotros es de gran importancia divulgar en toda América Latina y el Caribe estas obras, que habitualmente no encuentran canales de promoción y difusión adecuados. En este sentido, nos encontramos organizando una serie de presentaciones en diversas ciudades cuyas fechas y lugares informaremos proximamente. Asimismo, la muestra se encuentra a disposicíon de instituciones y organizaciones sociales interesadas en organizar exhibiciones, promoviendo el análisis crítico de la realidad social a través del potencial comunicativo propio del soporte audiovisual.

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Día 1, 21 de julio

14:00 Jurua. Hombres de hierro, de Rodolfo Cesatti
[Argentina, 2007, 42 minutos]
Presentación del director y equipo de realización.

15:10 Zé Pureza, de Marcelo Ernandez
[Brasil, 2006, 97 minutos]

17:10 Vou plantar minha terra, del Colectivo Mutirâo
[Brasil-España, 2007, 58 minutos]

18:20 Soberanía violada, de Malu Vázquez
[Paraguay, 2007, 29 minutos]

19:00 Panel: "Soberanía alimentaria, territorio y movimientos sociales"

Participantes
Roque Acuña - MOCASE - Vía Campesina - MNCI
Diego Domínguez, I