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Actualizaciones en lo que va del tiempo:

• El diálogo • Viejas locas • "Presidenta" (O cómo intentar el ninguneo incluso desde el nombre) • Perdonar es divino • Carta abierta a Fito • Macri y su viento en la cola • Soy empleado estatal • Consideración de la luna en el poniente • Ya tengo mis bodas (y mis bolas) de porcelana • Eros • Sacalo Crudo • Avisos clasificados, rubro "Varios" •Piza, birra, faso (soneto estrafalario) • Varela Varelita • Indómito destino




lunes, 6 de octubre de 2008

Hace unos años, preparé estos papelitos para los alumnos/as de ese entonces • Quizás a alguien le sirva, y por eso lo regalo acá • Es un análisis de la letra del tango “Nostalgias”, de Enrique Cadícamo (1936) en el marco de la lingüística de la enunciación, que es muy pero muy interesante como metodología



El siguiente trabajo es una guía que intenta al mismo tiempo presentar un modelo de análisis que aborde un discurso concreto, en este caso la letra del tango “Nostalgias”, de Enrique Cadícamo (1936) en el marco de la lingüística de la enunciación, y al mismo tiempo, oriente a los alumnos de la cátedra respecto de las habilidades y operaciones que deben ser realizadas en la tarea de análisis. Para ello, como en todo trabajo monográfico, se hará primero una breve introducción que explicite el marco teórico, los conceptos implicados, etc., para posteriormente presentar el análisis en sí junto con las pautas y sugerencias para su elaboración.


1. Introducción

El objetivo central de la perspectiva teórica de la lingüística de la enunciación es el de construir, a partir los rasgos formales de la lengua, una hipótesis acerca del marco enunciativo del discurso, tomando en consi-deración, para ello, que dichos rasgos formales consti-tuyen huellas mediante las cuales un sujeto empírico se construye a sí mismo, a su alocutario y a ciertos terce-ros en el discurso.

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sábado, 4 de octubre de 2008

Me los mandó hace mucho Carolina Madoery




Divina TV führer

Clarín informa que es transparente y justo, pero no dice que Castelnuovo ha tenido que ceder a perpetuidad los derechos de su cuento, para ser publicado en cualquier medio y/o formato existente o por existir, a cambio de un par de botellitas de vino y un viaje a Mendoza. Lo importante es la fotito del momento. Mientras el premiado se clava los tintachos, una ignota señorita dice que se va a fumar a Kurt Cobain, algo que luego del aspirado que se mandó el gran Keef suena a fantochada.

¿Todo esto es parte del "arte"? La "cultura" está tinellizada, postmodernizada. Hasta las culturas de las minorías, antes combativas y militantes, están fatalmente atravesadas por la tele. De otro modo no se comprenderían tantas huevadas presentadas como "intervenciones". Bastardeo de las palabras mediante, la revolución está maquillándose para no parecer cadáver, entre tanto muerto que se está pasando de vivo.

Otra vez "el campo" • A río revuelto, ganancia de pescadores... perdón, agricultores • El cierre de un ciclo del capitalismo global y el asalto campestre


Ya sé que hablamos muchísimas veces sobre esto. Pero es inagotable, parece. Resulta que ahora, cuando en la Bolsa de Chicago la cotización de las materias primas está cayendo, nuestros abnegados y patriotas agricultores, pobres en la indigencia absoluta, deciden hacer paro y desabastecimiento aquí, a miles de kilómetros de distancia, porque el negocio no es rentable. Con la misma reciprocidad, podrían haber realizado hace mucho tiempo un soberano paro, porque no es "rentable" vivir en África, ni es "rentable" comer allí; o, a la inversa, podría haberse establecido un desabastecimiento de alimentos en Chicago, cuando aquí, en los '90, o 2002, o ahora incluso, tantos miles de ciudadanos no accedían ni acceden a la renta que los productores intentan retener y engordar, como a sus vacas.

La pregunta de fondo sería: ¿cuándo, a partir de qué criterios se decide la legitimidad de un paro? Docentes, médicos, etc., no pueden parar sin que se considere que están perjudicando un "servicio esencial". ¿Qué más esencial que la alimentación? ¿Qué instancia puede declarar "ilegal" este paro de los dueños de la tierra y convocar a las partes a dialogar? ¿Qué partes dialogarían: quién es "patrón" y quién "empleado" acá? Sin ir más lejos, la Provincia de Buenos Aires y Buenos Aires S. A., han decidido que, debido a los paros docentes de los últimos tiempos, se extienda el ciclo lectivo una o dos semanas, partiendo del pueril supuesto de que la simple presencia de un docente y treinta o cuarenta alumnos garantiza los aprendizajes, y que los paros lesionan irremediblemente la supuesta "continuidad" necesaria para ello. En cambio, la "discontinuidad" de comer, comer salteado, comer cuando se pueda, (comer aliementos que nutran), parece no responder a la misma lógica y, por lo tanto, a las mismas consecuencias para aquellos que paran.

"Estar con el campo" o "no estar con el campo" son posturas huecas, acríticas, si no se considera qué se disputa, si sólo se piensa en "no quiero que el Estado se meta en el bolsillo de los trabajadores". El Estado es la red estructural que de uno u otro modo nos regula, mal o bien. Si no estamos de acuerdo con esto, pues disolvamos el Estado pero, como se ve, no hay relación causal entre la medida del "campo" y la justificación. Por otra parte, jamás este Estado se propuso firmemente "meter la mano en el bolsillo", sino apenas un tímido dedito, y no en el de trabajadores, puesto que estamos hablando de la renta del que posee la tierra, no del peón que trabaja, realmente explotado, en condiciones infrahumanas, en esas hectáreas. Finalmente, no es cierto que esas mismas personas que creen que el Estado debe ser prescindente lo afirmen en todas las situaciones: sos los/las mismos/as que reclaman más seguridad, por ejemplo. ¿Y con qué se financiaría esa seguridad, si no es con ingresos que provienen de impuestos? Paradójicamente,
ahora resulta que es loable el hecho de que el Estado intervenga en el mercado, es beneficioso el keynesianismo, como forma de sostener el capitalismo y de "socializar" las pérdidas, luego de que muchos/as vivos/as privatizaron cuantiosísimas ganancias.

"Que dejen de robar y que hagan" (contraparte del "roban pero hacen"), implica, como enunciación, la urgente y necesaria intervención de todos/as nosotros/as para, por ejemplo, dejar de votar a los mismos/as, siempre. O para promover asambleas ciudadanas, o para constituir juicios populares, o lo que fuera. Pero no invalida el rol del Estado tal como lo bosquejamos arriba. Afirmaciones como las anteriores sólo marcan la necesidad de cambiar, de meter nuestras manitas impolutas en medio de la mierda, bien hasta el fondo, hasta tapar con un buen corcho el agujero que nos viene cagando desde hace muchísimo tiempo. Mirando las cosas por la tele, o peor, mirando por TV a Tinelli porque "no miro el noticiero, es un bajón", no lograremos absolutamente nada. O lograremos más de lo mismo. Es decir, conseguiremos que desabastecer de alimentos, provocar la suba de precios, etc., en un contexto en que todo indica que habrá recesión, (o que se va a ir la supuesta "bonanza económica" al carajo), pase ante los ojos ingenuos como una medida de estricta justicia. Si me hacen cómplice de sus (supuestas) pérdidas, pues entonces quiero participar de sus ganancias. Y para eso, justamente, el "paro" lo tendríamos que hacer nosotros, los que no participamos de ellas. No los vivos de siempre.

jueves, 2 de octubre de 2008

Muchas veces, se considera que en el pasaje de un texto literario a un filme sólo operan modificaciones de forma, que tienen que ver con las especificidades discursivas de uno u otro lenguaje • En este trabajo analizaremos las transformaciones operadas en el cuento “El perjurio de la nieve”, de Adolfo Bioy Casares, en el cual se basó la película “El crimen de Oribe”, dirigida por Leopoldo Torre Nilsson, e intentaremos demostrar que estas transformaciones se relacionan no tanto con las restricciones del lenguaje cinematográfico en sí, sino en las condiciones de recepción de uno y otro discurso, en particular restricciones genéricas.


Ubiquémonos en los ’40, por un instante, y participemos de ese público de clase media incipiente que accedía al, sin lugar a dudas, masivo y espectacular cinematógrafo, a ver una nueva cinta. Supongamos, además, que seríamos parte –dentro de ese público– de un segmento interno: aquél que lee, y lee autores argentinos “jóvenes”. Supongámonos además asiduos de Sur, y conocedores privilegiados de géneros nuevos para otros: el policial, el fantástico; nuevos en la medida que están cobrando impulso de la mano de noveles escritores: Borges, Bioy. Este último nos concedió cierta emoción de literatura propia, con La invención de Morel, y eso nos llevó a seguir sus libros, y por esta razón nos hemos deleitado con la lectura de El perjurio de la nieve . Estamos en 1950 y vamos al cine: Torre Nilsson y El crimen de Oribe . Entramos esperando dilucidar cómo hace este director para filmar semejante cuento. Salimos desilusionados y volvemos a nuestro actual presente.

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