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miércoles, 26 de septiembre de 2007
Segundo mes de vida de este espacio • No tengo mucho nuevo para decir (leé el post del anterior balance), así que me voy a dedicar a analizar un poco las encuestas que hace unos días han cerrado
Porotos
El poroto: historia social del capitalismo dicotiledón. Análisis del poroto en la cultura occidental. El poroto como metáfora en la narrativa hindú contemporánea. El po-roto: un enfoque psicoanalítico. Espacios geográficos y cultivo de poroto. El poroto como clave para la reconstrucción de la economía. Etcétera.
Fijáte cuántas cosas, cuánta "academia" podría haber detrás de un poroto. Recuerdo una reunión de personal, con profesores de lengua, en la cual propuse leer un fragmento de Chomsky, de esos bien hermosamente técnicos, oscuros y difíciles, para trabajar en la jornada (el objetivo era otro, pero no viene al caso) Nadie entendía un carajo, pero alguien arrojó algo así como que era un texto paródico que intentaba focalizar en el decir la nada, de un modo que sonara sofisticado, académico, categórico. Algo de esto hubiéramos logrado, por ejemplo, empezando esta sección con:
El poroto: historia social del capitalismo dicotiledón. Análisis del poroto en la cultura occidental. El poroto como metáfora en la narrativa hindú contemporánea. El po-roto: un enfoque psicoanalítico. Espacios geográficos y cultivo de poroto. El poroto como clave para la reconstrucción de la economía. Etcétera.
Fijáte cuántas cosas, cuánta "academia" podría haber detrás de un poroto. Recuerdo una reunión de personal, con profesores de lengua, en la cual propuse leer un fragmento de Chomsky, de esos bien hermosamente técnicos, oscuros y difíciles, para trabajar en la jornada (el objetivo era otro, pero no viene al caso) Nadie entendía un carajo, pero alguien arrojó algo así como que era un texto paródico que intentaba focalizar en el decir la nada, de un modo que sonara sofisticado, académico, categórico. Algo de esto hubiéramos logrado, por ejemplo, empezando esta sección con:
poroto, ta.1. m. y f. coloq. Chile. niño (‖ persona que está en la niñez).
2. m. Am. Mer. judía (‖ planta papilionácea).
3. m. Am. Mer. judía (‖ semilla).
4. m. Am. Mer. Guiso que se hace con estas semillas.
1. loc. verb. coloq. Am. Mer. Anotarse o apuntarse un tanto en el juego, o un acierto en cualquier actividad.
1. loc. verb. Chile. ganarse la vida.
Y siguiera páginas y páginas. Demasiado como pa' un poroto, ¿no? Sirve para contar los tantos en el truco (20% de las respuestas), para enriquecer las proteínas de una comida (11%), para propulsarse naturalmente (8%), para germinaciones escolares (6%), para hacer preguntas boludas (53%) y para muchas cosas más. En lo personal, por la metonimia, me siento un ídem...
¿Para qué sirve un poroto? ¿Sirve para algo un poroto? Ahora bien, ¿todo el tiempo te preguntás "y esto para qué sirve", o "y esto para qué lo estudio"? ¿Desde qué lugar? ¿En función de qué? En fin, apuntáte un poroto y seguí, que el esfuerzo de pelar la chaucha es lo más lindo de comerse el Poroto, como dijo Nicole.
Nosotros y los miedos (otra forma de perfilar tu edad, si es que podés leer la intertextualidad)
Digámoslo así, fatalmente: ¡el/ lector/a de este blog es un imberbe! ¿Cómo no le tienen miedo a un buen chucu chucu? (17%) No tengo nada más para decir.
Que te manoseen en el biógrafo (20%) era el temor de mi abuela, más o menos: franela en el cine. Del gofio y la Pomona (5%) hablaba mi viejo: una golosina pastosa y una bebida "nacional y popular", antes que la Coke. Los pasitos de "Fiebre de sábado por la noche" (17%) hubieran sido los de un hipotético hermano mayor, siendo yo el menor por +/- 10 ó 15 años (con incerteza estadística incluida) Lo de los clientes P2P (40%) no hace falta que te lo diga a vos, lector/a que viene a refregar su lozanía y juventud por acá (queridos contemporáneos y progenitores: son los programas por los cuales se intercambia todo tipo de archivo -excepcionalmente, legales- por esta cosa de la internet: películas, música, otros programas, etc., estilo eMule, el hoy "vedette"; te sonará Napster quizás, o el ya antiguo -pero bueno, hasta que lo llenaron de virus y porquerías- Kazaa)
Nuevamente la lengua y sus usos
Dejé para lo último el postre que revienta el hígado. ¿Cómo decirle a otro que tenés miedo de un tercero? Desde cierto punto de vista, de cualquiera de los modos posibles, si nos atenemos a la pragmática (ah, jeje, andá a saber qué es, sólo te digo que es otra de las muy lindas cosas que estudiarías en Letras, orientación Lingüística)
Normativamente hablando, es correcta la forma «Tengo miedo de que el señor que está atrás de mí me ataque» (15%) («detrás de», mejor todavía) y no las tres anteriores: la primera (9%) por el queísmo «Tengo miedo que...» y por el gravísimo delito de intentar asociar un posesivo a un adverbio: «atrás mío»; la segunda (6%) sólo por el queísmo; la tercera (11%) sólo por el delito de la rección (en Gramática te vas a enterar de qué es esto: lo tenés también en el Cuadernillo de Taller, sección Normativa). Grabátelo en el mate: tenés miedo DE algo; ergo, tenés miedo DE que. (Y de paso: decís Ø algo; ergo, decís Ø QUE -sin DE) Y también: preguntás detrás DE dónde; ergo, detrás DE mí (Para todo esto hay explicaciones más técnicas, ya sabrás: si querés las posteo)
Discursivamente, la última (72%) es prístina y clara como agua de manantial (no sé si alguna vez leyeron/escucharon comparación más original que esta), y correctamente formada desde la normativa de la lengua. Ganadora indiscutida, sin dudas.
Un blog de variedades... lingüísticas. Eso somos.
Un abrazo y nos vemos, o nos cibervemos.
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lunes, 24 de septiembre de 2007
Otro "vigésimo aniversario". Cada tanto se me da, desde siempre, por escribir algún cuentito. Este, según creo, fue previo a la poesía "Pájaro", quizás unos días antes o el mismo día, eso ya no lo sé. Hay otros ejercicios anteriores: me recuerdo usando una vieja máquina de escribir Olivetti (para ser escritor siempre hay que tener a mano una mítica máquina de escribir, obvio), tratando de redactar una novela a la que jamás podría releer, cuyo personaje se llamaba Damián, si no me equivoco, una especie de alter ego evidente. También me rememoro escribiendo cuentos policiales al estilo de la serie negra, mis lecturas por entonces. Pero nada de eso justifica más palabras que estas, las del recuerdo que nombra y esconde.
El cuento que reproduzco es el primero que, podría decirse, "me gustó" como resultado, como trabajo. Leído en perspectiva, lo daría vuelta y lo escribiría de nuevo, cambiándolo todo. Pienso que si es que vale, lo sería sólo como hito, creo, como mojón testimonial, quizás. También éste tiene su "mérito profesional". El año anterior, había presentado en el concurso literario de mi escuela un cuento casi apócrifo, una reformulación larga y tediosa, una prosificación de no me acuerdo qué episodio de mi historieta favorita: Las aventuras de Hijitus. Algo quería entregar a ese concurso pero, como me pasa hasta hoy, no se me ocurría nada digno de ser contado. Por supuesto que no figuró ni en los premios, ni en las menciones, ni tan siquiera en las puteadas del jurado por haberlo tenido que leer.
Al año siguiente, habiendo ya pasado por algunos cuentos "propios", me largué en el mismo concurso presentando este, que ganó el primer premio, mientras alguno de esos ejercicios versificados de los que hablé en el post anterior sacaba un tercero: indignación total, puesto que siempre supe que si algo quería ser cuando fuera grande, era ser poeta, y no cuentista (Era una de esas poesías que describí, una rebuscada forma de declarar amor, no era "Pájaro", texto que al principio no me gustó para nada, porque no hablaba de amor, porque era "extraño" a mi "poética" (?). Fue Germán el que, de entre una pila de papeles que le di, decidió que debíamos presentarla, seguramente porque era la que mejor inspiraba una ilustración para el concurso) En algún lado también debe de estar la revista escolar que se editaba en mi escuela, donde se publicó "El vuelo efímero".
Por supuesto que cada uno de estos textos, poesías o cuentos, encierran también recuerdos, biografías, "motivos". No es que un día logré volar y enseñé a volar a los demás, obvio: la literatura (incluso, la poesía) es ficción (al menos, así lo veo), en tanto es un trabajo sobre el material del lenguaje para arrancar de él un "algo" que surge de uno, y ya no es de uno: es del lenguaje, es de la palabra, es de todos. En el caso de la poesía, esa "ficción", me parece, pasa por la construcción del "lugar enunciativo". Dentro de esta historia, y en el orden de lo biográfico (que por suerte nunca nadie se va a tomar la molestia de escribir), lo que más bronca siempre me dio es que mi amiga Graciela, mi gran amiga Graciela, siempre hubiera defendido la tesis de que yo era mejor cuentista que poeta Creo que lo decía por culpa de éste, o de algún otro bosquejito.
En fin, texto por texto, acá esta el del cuento.
El cuento que reproduzco es el primero que, podría decirse, "me gustó" como resultado, como trabajo. Leído en perspectiva, lo daría vuelta y lo escribiría de nuevo, cambiándolo todo. Pienso que si es que vale, lo sería sólo como hito, creo, como mojón testimonial, quizás. También éste tiene su "mérito profesional". El año anterior, había presentado en el concurso literario de mi escuela un cuento casi apócrifo, una reformulación larga y tediosa, una prosificación de no me acuerdo qué episodio de mi historieta favorita: Las aventuras de Hijitus. Algo quería entregar a ese concurso pero, como me pasa hasta hoy, no se me ocurría nada digno de ser contado. Por supuesto que no figuró ni en los premios, ni en las menciones, ni tan siquiera en las puteadas del jurado por haberlo tenido que leer.
Al año siguiente, habiendo ya pasado por algunos cuentos "propios", me largué en el mismo concurso presentando este, que ganó el primer premio, mientras alguno de esos ejercicios versificados de los que hablé en el post anterior sacaba un tercero: indignación total, puesto que siempre supe que si algo quería ser cuando fuera grande, era ser poeta, y no cuentista (Era una de esas poesías que describí, una rebuscada forma de declarar amor, no era "Pájaro", texto que al principio no me gustó para nada, porque no hablaba de amor, porque era "extraño" a mi "poética" (?). Fue Germán el que, de entre una pila de papeles que le di, decidió que debíamos presentarla, seguramente porque era la que mejor inspiraba una ilustración para el concurso) En algún lado también debe de estar la revista escolar que se editaba en mi escuela, donde se publicó "El vuelo efímero".
Por supuesto que cada uno de estos textos, poesías o cuentos, encierran también recuerdos, biografías, "motivos". No es que un día logré volar y enseñé a volar a los demás, obvio: la literatura (incluso, la poesía) es ficción (al menos, así lo veo), en tanto es un trabajo sobre el material del lenguaje para arrancar de él un "algo" que surge de uno, y ya no es de uno: es del lenguaje, es de la palabra, es de todos. En el caso de la poesía, esa "ficción", me parece, pasa por la construcción del "lugar enunciativo". Dentro de esta historia, y en el orden de lo biográfico (que por suerte nunca nadie se va a tomar la molestia de escribir), lo que más bronca siempre me dio es que mi amiga Graciela, mi gran amiga Graciela, siempre hubiera defendido la tesis de que yo era mejor cuentista que poeta Creo que lo decía por culpa de éste, o de algún otro bosquejito.
En fin, texto por texto, acá esta el del cuento.
Fue en 1986. En los primeros meses de 1986. Mi presencia, como todos los años, causaba gran conmoción.
Para ser exacto diré que fue en enero. Era verano, y hoy puedo afirmar que ése fue el verano más ardiente que pasé.
El calor sofocaba; por eso la playa estaba llena de gente.
Los chicos eran mis principales seguidores. Nunca antes había tenido tantos adeptos. Todos se interesaban en mí. ¡Era hermoso verles las caras asomadas, desde lo alto!
El primer día en que me vieron se asombraron. Todos me preguntaban cómo lo hacía: Juan simplemente me dijo que quería que le enseñase a volar.
Las clases fueron vertiginosas. Todos mis alumnos sabían ya el secreto: soñar. Juan iba más allá. Estaba listo.
Una tarde de cielo rosa y de sol anaranjado, Juan me dijo: "Estoy listo". Eso fue todo. No precisábamos más palabras. Era una comunicación interna. Los cuerpos se entendían aun sin hablar. Cada uno era el complemento perfecto del otro.
Salimos. Mi experiencia hizo que mis brazos se movieran primero. Nada de alas, ni plumas. Mi cuerpo humano volando por los aires en ese atardecer. Ya lo había hecho muchas veces, pero volar con él se convertía en algo misterioso, único. Inquietante, como la primera vez.
Él lo hizo con miedo. Sabía que lo importante era soñar. Creerse pájaro. Batir muy fuerte los brazos, enfrentar al viento majestuoso y tirano. Elevarse y elevarse. Creerse pájaro. Él lo sabía. Él volaba conmigo. Estábamos los dos sobre la arena violeta y el mar scuro. Estábamos entre el cielo alto y el mar cercano. Volábamos. Volábamos. Dábamos vueltas y vueltas. Éramos pájaros-hombres en dominio absoluto del viento.
Juan se alejaba de mí. Estaba asumiendo la última sensación de pájaro: la libertad. Andaba solo. Y yo lo dejaba.
-¡No te alejes mucho!- gritaba mi experiencia de pájaro. Ya no me escuchaba.
Juan volaba. En círculo. A lo alto. En picada. Juan volaba. Movía sus brazos, que eran alas invisibles y doradas, con la seguridad de un canario.
No supo lo que hacía y se acercó mucho al mar. Demasiado, quizás. Yo lo miraba desde lejos. Lo veía tan contento... él también era pájaro.
Se acercó mucho al mar. Sólo vi cómo caía. Sólo vi en el agua unos aros con vida que crecían hacia el infinito. Y él que no estaba.
Traté de ayudarlo. Le grité. Me acerqué al mar -no tanto como él. Ya era tarde. Estaba a punto de morir. Sus invisibles plumas doradas estaban mojadas. Y todo pájaro al que se le mojan las alas no puede volar...
Y así me fui. Mi alumno no estaba. Mis enseñanzas habían sido buenas: aprendió a ser pájaro.
Quizás olvidó que también era hombre.
Para ser exacto diré que fue en enero. Era verano, y hoy puedo afirmar que ése fue el verano más ardiente que pasé.
El calor sofocaba; por eso la playa estaba llena de gente.
Los chicos eran mis principales seguidores. Nunca antes había tenido tantos adeptos. Todos se interesaban en mí. ¡Era hermoso verles las caras asomadas, desde lo alto!
El primer día en que me vieron se asombraron. Todos me preguntaban cómo lo hacía: Juan simplemente me dijo que quería que le enseñase a volar.
Las clases fueron vertiginosas. Todos mis alumnos sabían ya el secreto: soñar. Juan iba más allá. Estaba listo.
Una tarde de cielo rosa y de sol anaranjado, Juan me dijo: "Estoy listo". Eso fue todo. No precisábamos más palabras. Era una comunicación interna. Los cuerpos se entendían aun sin hablar. Cada uno era el complemento perfecto del otro.
Salimos. Mi experiencia hizo que mis brazos se movieran primero. Nada de alas, ni plumas. Mi cuerpo humano volando por los aires en ese atardecer. Ya lo había hecho muchas veces, pero volar con él se convertía en algo misterioso, único. Inquietante, como la primera vez.
Él lo hizo con miedo. Sabía que lo importante era soñar. Creerse pájaro. Batir muy fuerte los brazos, enfrentar al viento majestuoso y tirano. Elevarse y elevarse. Creerse pájaro. Él lo sabía. Él volaba conmigo. Estábamos los dos sobre la arena violeta y el mar scuro. Estábamos entre el cielo alto y el mar cercano. Volábamos. Volábamos. Dábamos vueltas y vueltas. Éramos pájaros-hombres en dominio absoluto del viento.
Juan se alejaba de mí. Estaba asumiendo la última sensación de pájaro: la libertad. Andaba solo. Y yo lo dejaba.
-¡No te alejes mucho!- gritaba mi experiencia de pájaro. Ya no me escuchaba.
Juan volaba. En círculo. A lo alto. En picada. Juan volaba. Movía sus brazos, que eran alas invisibles y doradas, con la seguridad de un canario.
No supo lo que hacía y se acercó mucho al mar. Demasiado, quizás. Yo lo miraba desde lejos. Lo veía tan contento... él también era pájaro.
Se acercó mucho al mar. Sólo vi cómo caía. Sólo vi en el agua unos aros con vida que crecían hacia el infinito. Y él que no estaba.
Traté de ayudarlo. Le grité. Me acerqué al mar -no tanto como él. Ya era tarde. Estaba a punto de morir. Sus invisibles plumas doradas estaban mojadas. Y todo pájaro al que se le mojan las alas no puede volar...
Y así me fui. Mi alumno no estaba. Mis enseñanzas habían sido buenas: aprendió a ser pájaro.
Quizás olvidó que también era hombre.
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Revolviendo papeles, caí en la cuenta de que la poesía que copio abajo ha cumplido 20 años. En realidad, hay ejercicios anteriores: unos dos años antes ya andaba escribiendo cosas vergonzosas. Esta, podría decir, es "la primera", en el sentido en el que un tipo que se dedica a escribir cada tanto puede afirmar su propia genealogía fundacional. De hecho, es la única de aquella época (de las anteriores y de muchas de las posteriores) que aún subsiste cada vez que me dedico a compilar "libros" (aunque supongo que, con buen tino, no los bajaron ni los vieron: yo hubiera hecho exactamente lo mismo)
De todo ese cúmulo de papeles, más parecidos a un diario íntimo versificado que otra cosa, plagado de textos amorosos, ripiosos, lugares comunes, influencias bastardas y evidentes de las lecturas de entonces, rescato así estos versitos, que en cierto sentido comenzaron una "profesionalización" que nunca fue: con ella ganamos, con Germán (el autor del blog de fotos que más abajo les recomiendo), un premio en el "IV Salón del Poema Ilustrado", que organizó la Biblioteca Popular de Cañuelas. Hay una foto dando vueltas por allí, pero no voy a escanearla ni colgarla: como dije antes, esto tiene 20 años, y no me gustan las fotos de cuando tenía 5 :P
De todo ese cúmulo de papeles, más parecidos a un diario íntimo versificado que otra cosa, plagado de textos amorosos, ripiosos, lugares comunes, influencias bastardas y evidentes de las lecturas de entonces, rescato así estos versitos, que en cierto sentido comenzaron una "profesionalización" que nunca fue: con ella ganamos, con Germán (el autor del blog de fotos que más abajo les recomiendo), un premio en el "IV Salón del Poema Ilustrado", que organizó la Biblioteca Popular de Cañuelas. Hay una foto dando vueltas por allí, pero no voy a escanearla ni colgarla: como dije antes, esto tiene 20 años, y no me gustan las fotos de cuando tenía 5 :P
Pájaro.
Me sentí pájaro esta mañana.
Sentí mis alas.
Sentí mi pico.
Sentí mi cuerpo aerodinámico.
Sentí mis plumas.
Sentí el aire.
Sentí el vuelo.
Sentí una pedrada.
Sentí la muerte.
Sentí todo.
Me sentí pájaro esta mañana.
Sentí cómo las flores me saludaban.
Sentí cómo el viento me acariciaba.
Sentí a las nubes como mi casa.
Sentí la vida esta mañana.
Sentí el deseo de ser pájaro una vez más.
Sentí el deseo de volver a volar.
Sentí ganas de llorar.
Quise ser pájaro esta mañana.
Sólo pude ser un sueño inmortal.
Quise ser pájaro esta mañana;
ser pájaro y no despertar.
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sábado, 22 de septiembre de 2007
Hasta la vista, Charles S. Peirce 2 (El regreso de los muertos vivos)
2 Respuestas/comentarios Publicado por Esteban Cid a las 18:40La saga continúa Vamos ahora con las tricotomías
Abordar la semiótica desde el gesto fundacional, desde Peirce, nos enfrenta con la dificultad del fragmento. Lo que hemos expuesto tiempo ha, y lo que ahora siga, es un recorrido, el propio, un entrecruzamiento de lecturas que se aúnan en una exposición.
Sabemos que la semiosis implica la comprensión de la realidad a partir de tres componentes interrelacionados: el representamen o signo, el objeto y el interpretante. Sabemos también que esa realidad es en modos distintos: en tanto cualidad (primeridad), en tanto existencia (secundidad) y en tanto legalidad (terceridad) Sabemos, finalmente, que en cierta formulación teórica, el objeto es la realidad, el signo es la representación de ese objeto y el interpretante la idea resultante de esa representación; pero desde otras formulaciones el signo en sí mismo asume los tres soportes. Hay fragmentos que permiten una u otra adscripción, y ya conocen la mía. En cualquiera de los dos casos, lo que desarrollaremos a continuación no tiene demasiada incidencia: las tricotomías de signos y los tipos de semiosis.
Sabemos que la semiosis implica la comprensión de la realidad a partir de tres componentes interrelacionados: el representamen o signo, el objeto y el interpretante. Sabemos también que esa realidad es en modos distintos: en tanto cualidad (primeridad), en tanto existencia (secundidad) y en tanto legalidad (terceridad) Sabemos, finalmente, que en cierta formulación teórica, el objeto es la realidad, el signo es la representación de ese objeto y el interpretante la idea resultante de esa representación; pero desde otras formulaciones el signo en sí mismo asume los tres soportes. Hay fragmentos que permiten una u otra adscripción, y ya conocen la mía. En cualquiera de los dos casos, lo que desarrollaremos a continuación no tiene demasiada incidencia: las tricotomías de signos y los tipos de semiosis.
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Comienza la primavera • El festejo del día del estudiante en esa misma fecha viene a asociarse con el verdor de la vida, la etapa cuando uno estudia, y recibe los nutrientes para florecer, para "madurar" • Como "regalo" a esa flor que sos, va este soneto de Baldomero Fernández Moreno
Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.
Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.
Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.
Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.
Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.
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